Desde su octavo lugar en el Centrobasket de 1981, la selección de Haití ha estado desaparecida del baloncesto. Uno de los países más pobres de América y que ha sufrido desastre climatológicos devastadores, como el terremoto de 2010; precisamente sus condiciones de pobreza le llevan a tener una alta incidencia de emigración.

Ahora, en 2018, 37 años después y tras un gran esfuerzo, Haití presentaba una selección para disputar una fase clasificatoria de la zona de Caribe en Paramaribo (Surinam) para conseguir una plaza en la AmericaCup de 2021.

Henri Jean, presidente de la Federación, expresaba su gratitud hacia los jugadores que representaban al país y estaba emocionado porque volvieran a la escena internacional. Una pieza importante en todo esto era un entrenador con pedigrí en G-League como Matt Brase, que junto a sus ayudantes americanos (Nick Friedman y el “ex LEB” Cody Toppert) realizó un camp en Estados Unidos de donde salió un roster definitivo. Con las ausencias de los grandes nombres NBA como Skal Labissiere, Nerlens Noel o incluso Cady Lalanne, 19 jugadores fueron convocados para un stage en Miami bajo la figura del GM de la Federación, Patrick Washington, resaltando nombres como el ACB Kenny Chery o Frantz Massenat, jugador de la BBL alemana.

Finalmente, la lista que se oficializó para el torneo era de 11 jugadores, con nombres de gran calidad como Clide Geffrard (Argentina), Kervin Bristol (Lituania) o el base trotamundos Hernst Laroche, entre otros.

La representación “española” venía de la mano de Jeff Coby, jugador que acabó la temporada en Xuven tras pasar primero por Prat, y el ex LEB Marvin Dominique, actualmente en Francia. También la NCAA tenía sus representantes, con Jeantal Cylla, David Jean-Baptiste o Carrell Joseph (DIII). Cerraban el plantel Joseph Antoine y Farnold Degand.

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LUNION SUITE

Tras dominar con estos diez hombres los cuatro partidos de la primera fase, ganándolos todos con comodidad, saltaba la noticia a 12 horas de la semifinal: la FIBA descalificaba a Haití alegando que nueve de sus jugadores eran “naturalizados”. Haití no entiende esta decisión, y alegará, ya que, según fuentes de la Federación, toda persona que haya nacido en suelo americano pero con padres haitianos, adquiere la nacionalidad si quiere. También le descolocaba que la decisión se produjera tras cuatro partidos disputados, cuando la lista de inscritos se sabía antes del torneo. Para más inri, la FIBA le obligaba a jugar contra Santa Lucía, quinto y último clasificado del otro grupo, bajo la amenaza de una multa de 25000 dólares americanos y una exclusión de 5 años si se negaban a jugar.

Los dirigentes de Haití lo tienen claro, y alegarán a la FIBA y al TAD, ya que consideran injusta la sanción y no quieren que su sueño se trunque tan rápido tras 37 años de ausencia. Desde fuera extraña la actuación de la FIBA, cuando hay selecciones como Nigeria con la misma política; también llama la atención la permisividad a la hora de hacer nacionalizaciones express sin ni siquiera haber pisado el país, con casos recientes como Dallas Moore (Albania), el ex Obra Shayne Whittington (Macedonia) o Josh Adams (Bosnia y Herzegovina).

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