Lluís Pino es con poco más de 30 años un entrenador curtido en tres continentes cuya pasión absoluta por el baloncesto se ha traducido en una sólida carrera que se ha ido abriendo paso desde la aragonesa Monzón hasta su próximo destino en Austria, en la que será su segunda experiencia en el país alpino. Hace ya un lustro de su “Yo voy a ser entrenador de baloncesto, me da igual donde sea” y hoy nos relata como se hace realidad ese sueño.

Zona de Básquet – Empezamos por el principio, cuéntanos cómo decides ser entrenador y cómo fue ese camino previo a llegar a Monzón.

Lluís Pino – La verdad es que el básquet siempre me ha apasionado desde que empecé en el colegio, luego el pueblo donde veraneaba coincidí con algunos jugadores de la cantera del Barça como Marc Gasol o Jordi Puigarnau y me fascinaban las historias que me contaban de entrenamientos, campeonatos etc… Desde muy joven ayudaba en la cantera del Lima-Horta, que en ese tiempo todos sus equipos de formación jugaban campeonatos de España: grababa los partidos del Liga-2… el baloncesto lo era todo para mí, mi hobbie, mis amigos. Todo giraba alrededor del baloncesto. Me llegó la edad de ir a la Universidad y decidí hacer INEF, que era lo que más se acercaba a hacer baloncesto, pero la nota no me llegó para hacerlo en Barcelona y tuve que ir a Lleida a estudiar y allí jugué y entrené en el Sícoris, un club histórico de la ciudad.

ZdB – Siguiente etapa, el Monzón aragonés. ¿Cómo llegas allí?

LP – En INEF teníamos un profesor buenísimo llamado Jorge Serna, que todo el mundo decía que era un gran conocedor del baloncesto y por ese entonces era el entrenador del EBA de Monzón. Pedí una tutoría con él, subí con un café y me senté en su despacho y le dije que quería ser entrenador de baloncesto, hablamos muchísimo durante ese tiempo y me ofreció ser su asistente en Monzón al año siguiente.

ZdB – Luego llega el Collblanc, ¿cómo recuerdas aquella época?

LP – Pues, la verdad, muy divertida. Cuando volví a Barcelona quería hacer baloncesto al máximo nivel posible y la mayoría de mis amigos de los cuales os he hablado anteriormente de la cantera del Barça jugaban allí, ese año subieron a EBA y buscaban segundo entrenador. Pasamos dos años muy divertidos, era un baloncesto diferente pero teníamos muchísimo talento y Josep Maria Marça era un maestro en la gestión de grupo. El segundo año jugamos las fases de ascenso a LEB Plata y estuvimos a 2 minutos de conseguirlo contra el Estudiantes de Brizuela, Vicedo, Guerra, Lobo, etc.

ZdB – La siguiente etapa es la oportunidad que estabas esperando: el paso a ser profesional de verdad cuando Edu Torres te llama para ser entrenador asistente del Huracanes de Tampico. ¿Cómo es ese paso, lo de abandonar España, e ir a por todas?

LP – Mucha gente me pregunta si la decisión fue difícil o si dudé. La verdad fue la decisión más fácil de mi vida. Yo no tenía plan B, yo solo quería ser entrenador de baloncesto, solo vivía para eso, me daba igual dónde, cómo, cuándo… Solo existía el baloncesto para mí. El baloncesto me lo ha dado todo: mujer, amigos, los mejores recuerdos de mi vida… Solo sé hacer esto. Siempre cuento una anécdota: dos años antes de llegar a México empecé la relación con mi actual mujer y una de las primeras frases que le dije fue “Yo voy a ser entrenador de baloncesto, me da igual donde sea“; ella me miró con cara de “estás loco“. Hasta ahora hemos ido juntos a tres continentes.

ZdB – Torres se va y llega otro entrenador, pero tú sigues en la formación mexicana, algo atípico.

LP – Bueno, fue difícil. Edu Torres se fue a China y me ofreció ir con él allí, pero la verdad es que encajé genial en Huracanes de Tampico, que era una organización maravillosa y creo que había mucho feeling entre ambas partes, y ellos me ofrecieron seguir siendo entrenador asistente y pensé que podría aprender de alguien más. Decidí quedarme.

ZdB – El baloncesto sudamericano tiene fama de ser poco paciente con entrenadores y jugadores extranjeros. En ese momento te surge la oportunidad de ser primero, ¿cambia mucho pasar de asistente a primero?

LP – Hay que entender la idiosincracia del baloncesto latino: suelen ser ligas muy cortas donde los proyectos no suelen existir y se vive en el corto plazo. Además la mayoría de los contratos no son garantizados: los jugadores y entrenadores no tienen ninguna seguridad. Ellos buscan resultados inmediatos y el cambio es constante. Ese año empezamos genial, teníamos grandes jugadores pero algunos cambios nos afectaron en negativo y el club decidió despedir al entrenador y me dieron el equipo para intentar entrar en playoff. La verdad es que no fue fácil ya que la dinámica era mala y yo no era una persona externa a todo lo sucedido, pero creo que jugamos con dos o tres ideas claras, creímos en ellas y cuando llego el playoff, nos olvidamos de todo y jugamos nuestro mejor baloncesto, hicimos una gran serie y pusimos contra las cuerdas al mejor equipo mexicano en la última década.

ZdB – Esos buenos resultados, a pesar de la corta experiencia como entrenador jefe, te abren la puerta a la LNB Venezolana. ¿Cómo fue aquella temporada con Panteras de Miranda?

LP – Fue todo una aventura. En la escala de vuelta a Barcelona desde México, me llama mi agente y me dice que hay una oferta para ir a Venezuela y que sería bueno para mi futuro; llegué a casa, saludé a mi familia y dos días después estaba otra vez en el avión de vuelta a Latinoamérica. Cuando llegué allí, me quedé absolutamente sorprendido: pabellones totalmente llenos, un seguimiento al baloncesto más alto que en España, todos los partidos en abierto por televisión. Llego en el calentamiento del partido de mi equipo, veo el partido en la grada y el director deportivo me presenta al equipo en el vestuario después del partido, doy una breve charla, al día siguiente dirijo el Shot-around y el partido (allí se juega en formato back-to-back contra el mismo equipo), debuto contra Gustavo Aranzana (más de 500 partidos ACB)…, fue todo mágico, pasé de soñar ser entrenador profesional a cenar en la misma mesa con Ricard Casas, Luis Guil, Gustavo Aranzana, Curro Segura… todos ellos con una experiencia brutal, y a jugar contra Pete Mickael al cual yo había visto jugar mil veces. No ganamos muchos partidos pero el equipo jugó un buen baloncesto y el club me ofreció la renovación.

ZdB – En la primavera de 2016 salta la noticia de que fichas por el modesto UBSC Graz austríaco. ¿Cómo llegas a dar un giro tan importante?

LP – El segundo año en Venezuela no fue tan bien, aunque empezamos genial con el equipo, el mejor inicio de los últimos diez años, luego la situación del país empezó a ponerse peor, todo era muy difícil y las derrotas nos llegaron. Yo sentía que quería cambiar de reto, mi mujer se quedó embarazada y mi forma de mirar el baloncesto era más cercana a la europea, le pedí a mi agente que si podía haber algo en Europa y encontramos Graz.

ZdB – ¿Cómo te acoplas a un cambio tan radical al pasar del baloncesto latinoamericano al europeo? ¿Cuáles son las principales diferencias?

LP – Al final todo es baloncesto, pero mientras el baloncesto latinoamericano tiene un ritmo frenético, muchas posesiones, mucho espacio al talento individual, en cambio el baloncesto europeo es mucho más táctico, todo más mecanizado. No es una crítica ni hacia un lado ni hacia el otro, creo que la principal diferencia es el entrenamiento. En Latinoamérica juegas entre 2 y 4 partidos a la semana, eso quiere decir que entrenas muy poco y en Europa la mayoría de equipos juegan un partido, eso significa mucho tiempo de entrenamiento.

ZdB – ¿Son los jugadores a los que se puede acceder en estas ligas totalmente diferentes? ¿Cómo manejas toda esta información, con muchas horas sin dormir?

LP – Bueno no es fácil aunque en Graz con el presupuesto que teníamos tampoco era tan difícil, simplemente fichábamos lo que podíamos, en todo caso te das cuenta que hay una red de agentes y de jugadores extraordinariamente grande. Supongo que como todo el mundo ves partidos, intentas sacar estadísticas avanzadas, juegas en tu cabeza con la imaginación de si ese jugador se adapta a tu visión y al final fichas lo que puedes.

ZdB – ¿Cómo fue la temporada con Graz, equipo modesto a pesar de contar con el ex LEB Maresch en tus filas? Temporada atípica en cuanto a resultados pero es que el equipo era muy joven, ¿no?

LP – El equipo empezó muy bien, ganamos casi el 50% de partidos de toda la temporada al inicio y el equipo jugaba bien; está claro que Anton nos lideró, pero poco a poco la temporada nos fue desgastando, problemas extra-deportivos, nuestro equipo no era tan profesional como nuestros rivales en la liga y supongo que yo me vi superado por la situación y no supe reconducir todo eso para seguir siendo competitivos. No creo que el problema fuera la juventud, sino que en el conjunto del equipo la primera prioridad no era el baloncesto.

ZdB – ¿Por qué no terminaste la temporada y los jugadores USA del equipo tampoco?

LP – Como os he comentado, los problemas extra-deportivos nos mermaron mucho y yo sentía que ya mi trabajo no era útil porque no éramos competitivos, el club dio la temporada por perdida y yo entiendo el baloncesto profesional como una competición permanente, quedaban tres semanas y decidimos ahorrar dinero por el lado del club y yo buscar otro horizonte profesional.

ZdB – Y ese giro  te lleva a otro continente, pues Edu Torres de nuevo te vuelve a reclutar para que le ayudes en el equipo campeón de la Asean Basketball League, los Hong Kong Eastern Long Lions.

LP – Con Edu mantenemos una excelente relación y cuando quedé libre me ofreció ir con él, ya que buscaban un asistente. Pensé que era una buena experiencia para acabar la temporada con un sabor de boca distinto. La llegada allí fue sorprendente, más allá de que Hong Kong es una gran ciudad, el club es muy profesional, muchísimas personas trabajando alrededor del equipo. Yo digo que Hong Kong es una burbuja de baloncesto, la mayoría de nuestros jugadores estaban patrocinados por marcas deportivas que todos conocemos, sueldos muy elevados y el pabellón lleno (la liga de Hong Kong, todos los equipos juegan en un pabellón sede). Ellos adoran el básquet y consumen principalmente su deporte local, eso da grandes patrocinios pero es totalmente desconocido para la gente que está fuera del país.

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Los Oberwart Gunners, futuro inmediato de Lluís Pino (imagen http://www.gunners.at)

ZdB – Hace días se ha anunciado tu fichaje por el Obertwart Gunners, subcampeón austriaco. ¿Es un reconocimiento a tu trabajo de la temporada 16/17? ¿Esperabas el ofrecimiento?

LP – Mi agente me comentó alguna vez que el gerente deportivo valoraba positivamente mi trabajo en Graz, pero siempre pensé que un equipo que iba primero destacado, no tenía sentido que se fijara en mí. Luego durante el verano recibí una llamada del presidente explicándome el nuevo proyecto de desarrollar a los jóvenes que tienen becados y reducir el número de americanos y me hizo una serie de preguntas de cómo manejaría esta situación, pocas semanas después me ofrecieron un contrato y pensé que era una manera de aprovechar la temporada anterior y crecer en esta liga.

ZdB – ¿Cómo afrontas la próxima temporada, tienes ya una idea de la composición de la plantilla o de lo que quieres?

LP – Pues la verdad que con muchísima ilusión y mucha responsabilidad. Me he encontrado un club muy organizado, con las ideas muy claras a la hora de funcionar y con un proyecto bien definido. La plantilla a nivel de jugadores nacionales está cerrada ya que son los jugadores jóvenes del proyecto de becas, que deben dar un paso adelante; por otro lado estamos buscando a los jugadores americanos para completar el equipo y ser competitivos. Tenemos los perfiles, falta cerrar los nombres que queremos.

ZdB – Aunque hablemos de un club bien organizado, en Austria el baloncesto no es muy famoso. ¿Se nota en los medios a tu disposición o en la infraestructura de la liga o es un deporte al alza con la presencia ya en la NBA de Poeltl?

LP – La liga esta dando muchas vueltas a su formato y sus normas para potenciarlo, Austria sabe que tiene una oportunidad única de hacer del baloncesto un deporte puntero. Hay dos factores importantes: uno, esa llegada de Poeltl a la NBA, y dos, que las ligas más próximas y con ascendencia como la alemana, la húngara, la polaca… están creciendo muy rápido y fuerte. En Austria buscan la manera de engancharse a todo esto.

ZdB – ¿Algún jugador semioculto a destacar de la ABL 16/17 como Trmal o Rados?

LP – Pues hay algunos jugadores interesantes. Ahora suena mucho Benedikt Güttl, que esta jugando con la selección y luego yo creo que nosotros tenemos dos jugadores jóvenes pero listos para dar un paso adelante y estar en la selección mas pronto que tarde como Sebastain Kaeferle y Benjamin Blazevic.

ZdB – Ya hemos hablado un poco de esto pero en Zona de Básquet nos gusta incidir en el tremendo esfuerzo personal qué supone entrenar en el extranjero, no solo a nivel deportivo sino también en el plano familiar. ¿Cómo se lleva?

LP – La verdad es que, como mínimo, es un problema logístico. Yo soy una persona muy afortunada ya que mi mujer nunca duda ni un solo instante en ir juntos a todos mis posibles destinos, pero sí es cierto que es un gran esfuerzo porque más allá de que tú tienes que mover tu entorno muy a menudo, haces mover el entorno de tus más allegados. Muchas veces pienso que es egoísta por mi parte, pero mi mujer siempre me recuerda que ella disfruta mucho viendo mi sueño cumplido.

ZdB – Cuando te van apareciendo oportunidades tan variadas, importantes en el fondo, por un lado se debe sentir orgullo, pero ¿no tienes la sensación por otro lado que parece que el hecho de estar fuera hace que en España estés en el olvido?

LP – En el olvido, no. Creo que aunque el baloncesto es un mercado global, se divide en submercados y todos tenemos los nuestros y el baloncesto español no es uno de los míos en este momento. Yo nunca he recibido una oferta de allí porque no estoy en ese radar, pero supongo que debes merecer estar en el radar. También es verdad que la calidad de entrenadores españoles es inacabable, parece que están los entrenadores establecidos y llega uno de abajo y lo hace genial. Es muy difícil, ojalá algún día tenga la oportunidad de entrenar en España, pero si no, el mundo es muy grande y yo soy feliz haciendo lo que hago.

ZdB – ¿Cómo te definirías como entrenador?

LP – Un entrenador pasional, amante del trabajo y de los detalles, que ve el baloncesto como una forma de vida y que mi mirada a este deporte se ilumina entre el segundo 8 y 16 de cada posesión. Una vez Jaume Ponsarnau dijo “olvídate, tu equipo no puede ser bueno en todo”; a mí me gusta que mis equipos sean buenos en esa franja. En esos segundos encuentro valores como la solidaridad, la libertad de expresión, ser imprevisible. Disfruto mucho cuando mis equipos se sienten identificados allí.

ZdB – ¿Cuáles son tus referentes?

LP – Supongo que aquí queréis que me moje. Me ha encantado la forma de jugar de David Blatt con Darussafaka, Macabbi ha tenido buenos momentos pero ha habido millones de cambios. Me encanta el lema de Pedro Martinez, pocas cosas excelentemente hechas, y hay dos entrenadores que siempre miro sus equipos con mucho cuidado porque ellos reinventan el baloncesto años tras año como Sito Alonso y Andrea Trinchieri.

ZdB – ¿Crees en la iniciativa de los jugadores, te gusta tener todo atado, o buscas el porcentaje perfecto dependiendo de tus jugadores?

LP – Creo que sin querer ya os he contestado la pregunta anteriormente. Yo no digo en ningún caso que mi manera de ver el baloncesto sea la buena, pero es en la que yo creo, muchas veces he pensado que definiendo mucho más roles y teniendo todo mucho más estructurado y controlado con equipo con menos talento hubiera ganado más partidos, pero he leído un tweet de un amigo y gran entrenador, Jordi Juste, que decía: “lo mejor es no moverte demasiado, hacer lo que tú quieres hacer porque de tanto en tanto el mundo gira”.

ZdB – Muchas gracias por tu tiempo, y mucha suerte, te seguiremos de cerca.

LP – Muchísimas gracias a vosotros, creo que lo oportuno es felicitaros a vosotros por el gran trabajo de difusión que hacéis de mi pasión y la gran fuente de información que sois.

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