Tras ser anunciado ayer por su agente en las redes sociales, hoy ha sido confirmado por su nuevo club, Clavijo. Felix Balamou es la primera piedra del nuevo Clavijo, que volverá a jugar en LEB Oro, tras la exclusión de Araberri por un defecto de forma, pese a la decepcionante temporada 16/17 que acabó con el descenso deportivo.

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Balamou (Mitchell Layton / Getty Images)

En esta 17/18 los elegidos para llevar las riendas del equipo son el entrenador asturiano Jenaro Díaz (con experiencia LEB y amplio recorrido como entrenador asistente en Real Madrid, Khimki o la Selección Española), al que ayudará David Gómez (ex ayudante de Rafa Monclova en Dinamarca). En un intento de dar nuevos bríos a un equipo necesitado de ilusión, la primera pieza que se conoce es un jugador guineano llamado Felix Balamou, un escolta-base de 193cm y de 93kg; tras acabar ciclo NCAA en 2016 en St John’s, no se conoce si ha jugado en la 16/17 en algún equipo.

Difícil saber su papel en el equipo sin saber la composición de la plantilla, pero todo pinta a que será un jugador que actuará como complemento, en un ambiente donde los nacionales escasean ante las ofertas jugosas del extranjero, o incluso de categorías inferiores españolas, y donde los jugadores top parecen esperar solo la llamada de los equipos “teóricamente fuertes”.

La mejor cualidad de Felix Balamou es jugar siempre al 100% y darlo todo en la pista. Un jugador que se muestra siempre muy activo, de buenos muelles y condición atlética. Tras su época de High School, fue reclutado por la potente St John’s pero no acabó de cuajar o aprovechar las oportunidades (en su segundo año tuvo que volver a Guinea y se perdió buena parte de la temporada); fue en su último año Sénior cuando tuvo más relevancia, obteniendo unos promedios de 22mi, 6.8pt, 3.3re y 2.3as en un equipo muy joven donde él era uno de los pocos veteranos que había.

Uno de sus mejores partidos en NCAA (vs Indiana) –  Balamou, 10 oscuro – 14pt, 4re y 4as:

Se trata de un ‘dos’, que puede aprovechar su físico para penetrar, aunque debe mejorar su definición cerca del aro, incisivo, con buena capacidad de salto que ayuda a cerrar el rebote; de forma puntual puede subir el balón, aunque no es un base al uso, ya que le cuesta generar juego, aunque sí tiene habilidad de pase al compañero correcto cuando saca ventaja penetrando. Su mayor déficit en una liga como la LEB Oro será su tiro exterior, que es inconsistente (un triple de siete intentos en toda su trayectoria NCAA) y que le puede penalizar si no progresa en este aspecto, así como en la línea de los tiros libres, donde solo alcanzó un 59% de aciero.

En definitiva, una apuesta de riesgo que seguramente será una pieza de rotación para que no baje el ritmo del equipo en ningún instante, su entrega lo ratificará; esperamos que su año sin competir no le pase factura.

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