Cuando hablamos de lesiones, y de jugadores que luchan diariamente para recuperarse y volver a las pistas, en la zona norteña se nos viene a la cabeza el nombre del asturiano ACB Saúl Blanco o el de Andrés Rico (GBC), al cual una lesión de espalda le ha dejado en blanco durante año y medio.

Pero también en Europa hay jugadores con una vivencia similar y que han conseguido volver a jugar. Es el caso del eslovaco Richard Grznár (1991, 191cm). Hijo de un ex seleccionador eslovaco, este joven combo guard anotador consiguió brillar tanto que fue reclutado por el Fuenlabrada, que le cedió al Óbila. Sin embargo, no llegó a debutar y se volvió a su país.

Allí crecía cada temporada, mientras que en el verano era la estrella en las selecciones de categorías inferiores, ocupando la zona alta de las tablas de anotadores y asistentes.

Todo se inició en la temporada 2013-2014, cuando una lesión de Aquiles le dejó KO. En diciembre de 2013 sintió unas molestias en el talón; a pesar de todo siguió la temporada, aunque el dolor aumentaba. No le impidió, sin embargo, ser el máximo anotador de la liga y ser considerado el segundo mejor jugador de la misma, a pesar de su edad. El contrato con un equipo alemán para la temporada siguiente estaba firmado. Una sencilla intervención quirúrgica y en dos meses como nuevo.

Pero una infección por un germen (Staphylococcus aureus) le provocó una mala evolución del pie, con altas temperaturas y abscesos de pus. Los antibióticos, las curas y el reposo causaron efecto e inició la rehabilitación. Lamentablemente, el problema persistía y el pie se le empezó a hinchar, evolucionando de forma rápida a un estado casi gangrenoso, al límite de la amputación. Otra vez curas periódicas, drenajes y terapia antibiótica.

Lo intentaba, pero no conseguía volver, no podía caminar y los diferentes tratamientos en diferentes clínicas especializadas no surtían efecto. Al final, en Praga, debido al dolor que tenía, decidieron volver a intervenirle y limpiar la zona afectada por los diferentes cambios inflamatorios postinfecciosos surgidos. Tras la intervención llegarían los tratamientos electromagnéticos (con colágenos) y horas y horas de fisioterapia, todo con un único objetivo: poder volver a jugar.

Grznár, el 17 de mayo de este mismo año, volvía a jugar. Con la elástica del Inter Bratislava, al finalizar el encuentro no podía hacer otra cosa que agradecer a toda la gente que le había apoyado y había estado a su lado durante tres duros años de travesía en el desierto, sin poder vestirse de corto de forma oficial. Todo el proceso le ha demostrado, según él, que la vida es algo más que el baloncesto, y le ha reforzado en el plano mental. Ahora solo espera poder competir la 17/18 sin ningún problema físico.

Leyendo esta historia, nosotros solo podemos pensar en los “nuestros”. Ojalá pronto veamos de corto a Saúl Blanco y Andrés Rico, ojalá.

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