Antes de seguir leyendo, aviso que lo que vas a leer debería ser algo que todos (entrenadores) sabemos y ponemos en práctica, no es ninguna novedad, pero por desgracia, descubro cada fin de semana en los pabellones que no es así, y por eso me he animado a recordar algo que tendría que ser básico para todos los entrenadores/educadores.

Cuando empecé a entrenar (equipos de formación), hace ya más de una década, lo primero que me dijeron es que me olvidara de los resultados, que no eran importantes. Sin embargo, con el paso del tiempo, me he dado cuenta que no es del todo cierto, al menos no debería serlo para los entrenadores.

Todos habremos oído eso de “lo importante es participar” o “ganar no lo es todo” y, claro, cómo no estar de acuerdo con ambas frases, pero de ahí, a decir que los resultados hay que dejarlos de lado y que no importan, hay un trecho, y hay un trecho tan grande, que yo no pienso saltarlo.

Obviamente, el deporte profesional lo dejo al margen, porque no es en absoluto comparable con el tema que estoy tratando, ya que lo enfoco desde la formación y nuestra labor como entrenadores/educadores.

Al deporte el resultado le es inherente, y no hablo de deporte profesional, hablo de deporte a cualquier nivel. Cualquier persona que hace deporte, del tipo que sea, se marca unos objetivos, y hace lo imposible por llegar a conseguirlos. El camino para conseguir dichos objetivos, y los medios utilizados para ello, es lo que debe preocuparnos como entrenadores.

Es decir, como entrenadores nuestra labor es la de saber filtrar la información que el resultado nos da: no podemos frustrarnos por perder de 50 contra un equipo mayor físicamente y de más calidad, ni podemos creernos Gregg Popovich por ganar de 50 a un equipo inferior. Pero eso no quita que el resultado no importe, ya que en mi opinión, bien filtrado y analizado, aporta una información muy valiosa al entrenador.

Aún no conozco a ningún entrenador ni a ningún jugador que no quiera ganar cada vez que empieza un partido, aunque se sepa inferior, así que, esas frases hechas que encabezan este artículo no me valen, al menos, no me valen de forma absoluta y menospreciando a aquellos que, como yo, sí que valoramos los resultados en formación.

Creo que aquello de que los resultados no importan siempre se lo oigo decir a entrenadores que normalmente dirigen equipos acostumbrados a perder partidos. Es como una especie de mantra que les protege y en el que se justifican constantemente, impidiendo así analizar si realmente están trabajando con sus jugadores como deben.

Particularmente, he sido un afortunado porque casi siempre he dirigido equipos competitivos, pero aun así, hay temporadas, sobre todo cuando eres de primer año, en las que toca sufrir, y mucho. Nunca, pero nunca, he soltado la famosa frase, y si he perdido un partido de 50, por mucho que el rival fuera de un año más o tuviera más calidad que mi equipo, he tratado de analizar los motivos que me han llevado a semejante diferencia. Creo que centrarse en que ese resultado es lo lógico por la diferencia física o de calidad no ayuda en absoluto al crecimiento de nuestros equipos, y de nosotros mismos como entrenadores.

Y ahora viene el tema importante, y es que el resultado importa, pero no todo vale para ganar. Aquí es donde quería llegar. Hay entrenadores que por los resultados justifican cualquier medio o método: estaréis hartos de ver zonas cerradas sin ayudas en infantiles esperando el fallo del rival, o equipos que aprovechan su superioridad física para coger rebote y salir al contraataque sin practicar absolutamente nada más. O lo que es aún más grave, equipos que en formación (infantil, cadete…incluso minibasket!!!) no utilizan a todos sus jugadores en el partido, sacando solo a los “buenos” porque el objetivo es únicamente ganar.  Esto último quiero dejarlo bien claro, porque cada vez lo veo más a menudo en las pistas: aquel entrenador que deje sin jugar un partido, con el único objetivo de ganar, a un niño de 8-10-12 años, es un terrorista del baloncesto.

Esto es lo que vengo a criticar ayudándome del tema principal: los resultados en formación.

Debemos aprovechar los resultados para “educar” a nuestros jugadores; deben servirnos para motivarles cuando el reto sea complicado, y para no complacerles cuando ocurra precisamente lo contrario. Todos los jugadores se fijan en el marcador, absolutamente todos, y todos los entrenadores, absolutamente todos.

Debemos enseñar a nuestros jugadores que no todo vale para ganar, sin obviar que hay que ser competitivos basándonos en una formación que nos habremos encargado de darles en los entrenamientos. Si llevamos varios meses trabajando una serie de conceptos en los entrenamientos, y a la hora del partido ponemos en práctica otros totalmente contrarios (entrenar defensa individual y hacer zona en el partido, por ejemplo) con la única intención de ganar, estaremos fracasando como entrenadores/educadores puesto que los jugadores recibirán el mensaje que estamos tratando de evitar: todo vale para ganar.

Sin embargo, si somos fieles a nuestra idea, a pesar de encontrarnos con dificultades en el camino, los jugadores interiorizarán como suya dicha idea, y la defenderán a capa y espada pase lo que pase en la pista.

En resumen y en mi opinión, los resultados SÍ importan en formación, pero intentar alcanzarlos no debe servir para justificar cualquier medio o método. Conseguir resultados, o intentarlo, siendo fieles a nuestra idea de baloncesto es lo máximo a lo que como entrenadores podemos aspirar; sin embargo, traicionarnos para conseguir victorias es un fracaso muy difícil de soportar.

Dejo una gran frase de Borges para terminar este artículo: “hay derrotas que tienen más dignidad que una victoria”.


Autor: Álvaro Valle

Entrenador y fundador del LogroBasket Club

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