En estos últimos meses he leído varias declaraciones sobre la LEB Plata hablando en sentido crítico hacia la veteranía de los jugadores y cierta escasa identificación del jugador nacional en la liga. Si nos remitimos a los datos, solo el 56% de los jugadores son españoles. Si se compara con su hermana mayor (la LEB Oro), el porcentaje a principio de temporada era de un 62%, según la propia FEB. Probablemente ese 56% subiría y se igualaría hasta el 62% si incluyésemos a muchos jugadores con doble pasaporte y formados en España.

Está claro que encontrar a los nuevos Agbelese o Dane Johnson de la 14/15 o al nuevo Marcius de la 15/16, es complejo. En algunos casos, a muchos jugadores el pasaporte comunitario o cotonou les abre puertas que en otros casos se cerrarían. El coste de la licencia extracomunitaria (casi 3000 euros) cierra muchas puertas, pero se abren a otros. Un ejemplo de esto son unas declaraciones de Paco García, entrenador del CBC Valladolid, en las que señalaba que el fichaje de Sidibe tenía mucho que ver por su condición de cotonou.

Muchos equipos optan por fichar jugadores extracomunitarios que ya conocen el país (Dezelski, Ferguson, Hansen, Osborne…) y no arriesgan. Otro aspecto que se critica es la escasa presencia nacional. Sin embargo en un reciente artículo nuestro, “¿Y tú, de dónde eres?”, observamos el poco impacto de algunas Comunidades Autónomas en la formación de jugadores. Equipos como Hospitalet, CBC Valladolid son “casos aislados”. En cierto sentido, esto es una pescadilla que se muerde la cola.

Me explico. La LEB Plata es, en cierto modo, el patito feo; una competición que a nosotros nos encanta, pero que es la tercera del país, y a la que se le piden aspectos como una grande, con muchas dificultades para los clubs de salir día a día, estando más en una tendencia de semiprofesionalismo. Solo hay que recordar casos como el de Ander García, jugador básico del ascendido Iraurgi, que escogió el equipo de Azpeitia porque le permitía poder compaginarlo con su trabajo.

Hablamos de que no hay oportunidades para los jóvenes, pero también hay que pensar que ellos a lo mejor optan por seguir estudiando en su localidad de origen, jugar en EBA, acabar su carrera o vivir sin gastos, que jugársela con una opción poco fiable, poco atractiva económicamente e incómoda. Las declaraciones de Fornas a los compañeros de BaloncestoconP sobre los salarios y la devaluación de los mismos, así como del salario mínimo interprofesional que incluye piso y comidas, hace que algunos jugadores extranjeros acepten la propuesta para darse a conocer y buscarse un futuro, mientras que para el jugador nacional sea más complejo. Se puede criticar a equipos por tener un número alto de extranjeros, pero en ocasiones es un círculo vicioso y es complicado para un club salir en Plata y que los jugadores de la región reúnan el nivel adecuado para competir en una exigente categoría.

Este año hemos visto casos como los Bocoum, Djambo o Thiam que, si no fuera por su pasaporte cotonou, seguramente no tuvieran su oportunidad, mientras que otros jugadores como Lamine Dieng, De Ciman o Cadot han dejado detalles. Está claro que es complicado que salgan jugadores como Marcius o Agbelese cada temporada, y afortunado sea el equipo de contar con ellos, pero mientras este “autosistema” no sea capaz de valerse por sí mismo, no pongamos tampoco el grito en el cielo en una situación que se ha “autocreado” y sí busquemos una solución para que, con mucho trabajo, poco a poco el jugador nacional tenga mejores condiciones y se anime a dar el salto.


Autor: @m_jordan9

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