Ahora mismo España es, con catorce jugadores en la disciplina de equipos NCAA de División I (más el hispano-colombiano Mejía), el quinto país con más jugadores enviados allí tras Serbia, UK, Alemania y Lituania (vía @bhoops2016). Con este desembarco, parece que la moda y la repercusión mediática sobre estos jugadores ha sido un boom en cuanto a acaparar focos con un seguimiento que ha crecido exponencialmente.

Lo que ahora parece una opción lógica (emigrar a la NCAA), apetecible y entendible lo mires por donde lo mires, había perdido brillo a principios de siglo durante la época de bonanza económica del país, y casos como los de Roberto Morentin (UCF) o Sergio Olmos (Temple) eran excepcionales.

La situación ha cambiado tanto que se ha pasado de 3-4 españoles en la 12/13 (Porcher, Ramón, Lacunza y Aparicio) en D1, a 14 en la actual campaña. Como bien comentaba el jugador de D2 Alex González en su blog “viviendo el sueño” (altamente recomendable), irse a USA es una oportunidad única por la simple razón de poder compatibilizar tus estudios universitarios con el baloncesto. Así al menos se aseguran, si la opción del baloncesto profesional falla, un título universitario y un alto nivel de inglés (algo básico en los tiempos que corren).

Esta dualidad tan mecanizada en los EEUU, es algo impensable en el sistema educativo y de competición del baloncesto español, donde casi no recibes ayuda y prácticamente te tienes que buscar tú la vida, estudiando en tus horas libres como si fueras un ave nocturna. Recientes entrevistas en otros medios a jugadores de LEB Plata como Pablo Esteban o José Medina resumían a la perfección la escasa ayuda, quedando en evidencia como el baloncesto es algo secundario si no eres uno de los “escasamente elegidos”. Los casos de jugadores que año tras año deciden parar y alejarse de lo que más le gusta y del semiprofesionalismo, porque prefieren asegurarse un futuro laboral en sus vidas, se suceden en nuestro baloncesto (Assalit, Conde, Guigou, Aguilar…).

Sin embargo, este desembarco español actual en la NCAA que nos venden como novedoso y único, ya tuvo una generación predecesora en los años 90: la Generación del 76. Con mucho más mérito que en la época actual, estos jugadores españoles nacidos en 1976 o 1977 también emigraron a la National Collegiate Athletic Association. Por aquella época todo era más complejo: sin Internet, la forma de llegar allí era a través de contactos, vídeos mandados por correo postal u ojeo en campeonatos internacionales, algo totalmente diferente a la actualidad donde con el maravilloso mundo online puedes llegar a todos los lados y las redes y tentáculos de las Unis americanas son alargados y poderosos.

Esta generación del 76 rompió moldes. Allí, donde solo se llegaba por conexiones especiales como Carlos Dicenta (Fordham y Hofstra), un inédito Antonio Martín en Pepperdine, Mike Hansen en LSU o ya más próximos a ellos por edad como Arturo Llopis o el malogrado Sergio Luyk, desembarcó una generación de jugadores españoles que invadía a finales de los 90 la NCAA. Se juntaron con otras promesas más mayores que ellos como Jerónimo Bucero o Ricardo Peral e hicieron que en la 96-97 hubiera, entre los que jugaban y los que no (redshirt), una decena de españoles allí; en los años siguientes otros cuantos españoles jugarían en la liga universitaria americana, y una revista tan prestigiosa como la Gigantes del Basket les dedicaría media página cada semana.

La Generación del 76 fue una generación tremenda, que consiguió muchos éxitos en categorías inferiores y solo la fulgurante aparición de la generación del 80 (los Gasol, Navarro, Reyes y cía) dejó ensombrecida a esta generación. Los del 76 supusieron un soplo de aire fresco en una España que sufría males endémicos en formación de jugadores y fueron las primeras piedras en el camino de los continuos éxitos de España en categorías inferiores. Sus logros superaban a aquella afamada generación del 59 (Epi, Romay, Llorente, Itu, Indio Díaz…). Galardones como el Bronce en la V Copa Mediterránea (1992), la Plata en el Campeonato de Europa Juvenil (1993), otro Bronce en el XVI Campeonato de Europa Junior (1994) y por supuesto el más laureado: el Bronce en el Mundial Junior que se llevó Grecia (1995), avalan a esta generación, que había conseguido subirse por vez primera a un podio de un Campeonato del Mundo.

¿Quiénes pertenecían a la Generación del 76?

Pues nombres tan conocidos como el actual GM del Barcelona (Rodrigo de la Fuente), Iker Iturbe, Carlos Jiménez, nuestro añorado Ricardo Guillén, Oriol Junyent, Rafa Vidaurreta, Borja LarragánJuan Pedro Cazorla, Fran Rueda, Ayuso y Mons.

Muchos de estos jugadores como otros decidieron embarcarse en la aventura de la NCAA: Iturbe, que ya había estado en un High School, fue reclutado por Clemson; de la Fuente se fue a un JUCO (Junior CollegeSan Jacinto JC) para irse en su año Junior a George Washington, desde donde fue firmado por el Barça; Rafa Vidaurreta pasó por un High School para acabar en Wake Forest; Borja Larragán estuvo en Providence y MaristDarío Quesada mostraba su pundonor en Texas A&M; y otros jugadores que no jugaron aquel mundial pero también son de esa generación 76 (y 77) también marcharon a USA, como es el caso de Albert Roma, Álvaro Tor, Emiliano Morales, Raúl de Pablo, Ángel Santana o Javi Franco.

La opinión de la prensa sobre la fuga de talento español hacia la NCAA

En la Gigantes nº 509 exponían que “cada jugador, cada equipo, cada generación es un mundo y los del 76 por diversas causas han optado por continuar sus estudios y sus carreras deportivas lejos de España, en universidades americanas. ¿Mejor, peor? El tiempo lo dirá. Estamos ante unas nuevas circunstancias en la evolución de nuestros jóvenes que no se sabe muy bien que efectos tendrá en el futuro. Un año es muy poco tiempo para juzgar, aunque parece que tras lo visto este verano su evolución no ha sido espectacular. Han tenido que adaptarse, dominar el idioma, acostumbrarse a otro baloncesto, a otro ritmo de vida, a jugar pocos partidos y pocos minutos. Han sido demasiados cambios, demasiadas cosas nuevas.

Hoy en día, si leyéramos este texto hablando de la situación actual, no nos extrañaría leer una declaración de este tipo. El tiempo dictó sentencia como en muchos casos, unos hicieron mejor carrera, otros con menos brillo y alguno tuvo su futuro laboral asegurado lejos del baloncesto.

Pero lo que me llama la atención es que casi todos (por no quitar el casi) recomiendan la aventura americana y guardan un grato recuerdo de su estancia allí en el plano deportivo y personal como Darío Quesada en esta entrevista para la ABP. Y si les preguntaban que echaban de menos, pues las respuestas eran similares como las de ahora en cuanto a la comida, el estilo de vida, etc.

Aquí queremos que se oiga bien alto que los verdaderos pioneros del primer éxodo hacia la NCAA fue esta Generación del 76 y no la actual, a la que tanto bombo se le da como si nadie lo hubiera hecho antes (sin restarles ni un ápice del esfuerzo actual de vivir esta aventura). Han pasado años, ha habido éxitos del baloncesto español, pero la impresión que da es que ha habido pocos avances para ayudar al jugador “profesional” de baloncesto con sus estudios, y esperemos que nadie se eche las manos a la cabeza por la actual marcha de talentos a Estados Unidos, porque serían “tontos” si no aprovechan la oportunidad si se les presenta.

Y no olvidéis estas líneas, porque este éxodo sucederá en el futuro, porque “las modas siempre vuelven” pero la Generación del 76 siempre será la primera en irse a USA de forma grupal.

Nota – Sobre los nombres de los jugadores hemos puesto enlaces a Endesa Basket Lover (de @bujacocesto), porque es la mejor forma de conocer a jugadores, trayectoria y situación actual.

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