Hola a todos,

Soy Jorge Álvarez, Entrenador (o entrenador, a continuación, las diferencias que veo) de Baloncesto desde hace más de 25 años y actualmente en el club 1 de Agosto, en Angola, como Ayudante del Maestro Ricard Casas. En esta presentación lo primero que me gustaría es agradecer la confianza de la gente de zonadebasquet.com y valorar su enorme dedicación y pasión por el Baloncesto. Es un privilegio que hayan pensado en mí para tratar de aportar la perspectiva del Entrenador a través de una serie de reflexiones que tratarán de ayudar a entender nuestra vocación y amor por el juego.

Dándole vueltas a cómo comenzar esta colaboración, pensé en recuperar un artículo que publiqué en mi blog hace más de 4 años, en el que planteaba lo que para mí implica ser Entrenador y los valores y principios que son (o han de ser) inherentes a nuestra tarea, independientemente del nivel, etapa o función específica que desempeñemos. De ahí la crítica y la distinción entre Entrenador y entrenador. Tras más de 4 años de experiencias y aprendizajes muy diversos, pensaba que, releyendo el artículo, matizaría bastantes cosas, pero me he dado cuenta de que los valores sobre los que reflexionaba son permanentes, son pilares sobre los que se sustenta todo lo que está en continuo cambio y evolución. Como explica a la perfección el gran Stephen Covey en el imprescindible “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”, son principios asociados a la ética del carácter, a lo que realmente somos, sin los artificios de la llamada ética de la personalidad, más superficial, menos auténtica, aunque también necesaria, y más aún en la época actual. Espero poder fomentar la reflexión y el debate interno y externo. Gracias por la confianza.

Así lo veía y así lo veo:

“Con “E”, de Entrenador” (publicado en agosto de 2012)

Hoy nos salimos de la línea habitual de atodapista28x15, vaya usted a saber por qué, para reflexionar sobre el Entrenador. Se expondrá en 3ª persona, aunque los que somos Entrenadores (o entrenadores, quién sabe…) moriremos Entrenadores ejerzamos o no. Jugando con la “E” de Entrenador me han venido a la mente estas reflexiones, totalmente personales y subjetivas, por supuesto.

Entrenador: ya es de por sí una palabra grande y completa. No creo que le haga falta apellido: profesional, superior, amateur, principal, ayudante, asistente…Ninguna combinación de Entrenador con los adjetivos mencionados la mejora. Un Entrenador es un Entrenador.

Entrenamiento: al Entrenador le apasiona entrenar, el entrenamiento es la base de todo. Al jugador le gusta jugar, la etimología es obvia. El Entrenador convence al jugador de la importancia del entrenamiento, rompe la barrera entre entrenar y jugar, hace que se fundan a través de unos valores que trataremos de exponer. Sin embargo, al entrenador le gusta más lo de fuera de la cancha y le gusta más dirigir y jugar que entrenar. Al Entrenador le apasiona el proceso y el resultado solo si es consecuencia del primero. Al entrenador le apasiona el resultado.

Siguiendo con el juego, busquemos conceptos relacionados con el Entrenador que empiecen por la “e”. En orden alfabético:

Ego: concepto para un debate muy profundo. El ego está ahí, en todas las facetas de la vida y quizás aún más presente en la faceta de Entrenador. Habrá teorías para todos los gustos. Habrá quien piense que el ego es necesario e imprescindible para alcanzar el máximo potencial de cada uno. Tener el ego bajo control es uno de los mayores retos del Entrenador. Liderar desde ahí no parece fácil. El Entrenador lo consigue.

Ejemplo: liderar con el ejemplo es para mí una condición indispensable del Entrenador. No hay otro camino, no hay atajos, no hay, afortunadamente, alternativa. Sólo desde el ejemplo se puede tener credibilidad.

Emoción: el Entrenador transmite su emoción por lo que hace, su pasión, su entusiasmo. Solo desde la autenticidad de la emoción se puede transmitir el privilegio de ser Entrenador.

Empatía: concepto clave para el liderazgo de grupos. Solo a través de la empatía puede el Entrenador ayudar a cada jugador y al equipo a alcanzar su máximo potencial. El Entrenador se acerca a él, incluso lo consigue.

Enseñanza: este es un concepto profundamente arraigado en la esencia del Entrenador, pero el Entrenador se basa en el aprendizaje, sin él, no hay enseñanza. El entrenador puede enseñar, el Entrenador enseña porque aprende. Hay mucha diferencia entre las distintas maneras de enseñar lo que sabe (o no sabe)

Entorno: concepto que me resulta complicado analizar, por ello, recurriré a preguntas. ¿Debe ser el Entrenador independiente del entorno?, ¿Puede serlo?, ¿quién se relaciona mejor con el entorno, el Entrenador o el entrenador?, ¿depende el Entrenador del entorno? ¿depende el entrenador del entorno?, ¿qué es realmente el entorno?, ¿qué importancia tiene en el desarrollo del Entrenador? ¿y del entrenador?, ¿en qué medida contribuye un buen o mal entorno en el desempeño del Entrenador?

Entrega: relacionado con la emoción y el entusiasmo ya comentados. El Entrenador se entrega a su pasión, se vuelca, busca su 100%, disfruta del proceso, se implica, se involucra y solo así consigue que su equipo también se entregue. El ejemplo desde la autenticidad es clave. El Jugador sabe cuándo un Entrenador se entrega de corazón y cuando un entrenador no, faltaría más.

Estilo: aquí podríamos incluir estilos de liderazgo, de relación con el grupo, de juego, señas de identidad que permitan al Entrenador una coherencia en su forma de actuar.

Estrategia: sin duda una de las partes más apasionantes. Aquí entran en juego las tácticas, la metodología, la planificación, ese trabajo intelectual tan apasionante de todo Entrenador. El análisis, el diseño, la búsqueda de soluciones, el análisis de los qué, cómo, por qué, cuándo, para qué. Esos momentos de creatividad son mágicos. Todo Entrenador disfruta de la plenitud de ese estado.

Ética: con la Iglesia hemos topado. Debate y controversia sin fin en este punto. Todos tenemos nuestro propio criterio. El mío es que aquí es tal vez donde más se diferencia el Entrenador del entrenador.

Evolución: el Entrenador está en continuo aprendizaje, contribuye a que el juego evolucione, busca nuevas vías para el desarrollo de su vocación. El estudio del juego es parte inherente del Entrenador. Un alumno y jugador me escribió una vez en una redacción: “no me gusta estudiar, pero me gusta aprender”. El estudio del Entrenador tiene como fin el aprendizaje. De ahí viene la evolución.

Excusas: otro punto de diferenciación entre Entrenadores y entrenadores. La autocrítica bien encauzada que ayuda al Entrenador a crecer contra el impermeable de las excusas del entrenador.

Experiencia: ¿es lo mismo un Entrenador con experiencia que un entrenador con experiencia?, ¿es lo mismo un Entrenador sin experiencia que un entrenador sin experiencia?, ¿es lo mismo un Entrenador sin experiencia que un entrenador con experiencia? “Este Entrenador (o entrenador) tiene experiencia en la categoría”, un clásico, no? Para mí la diferencia es que un Entrenador puede ser experto con o sin “experiencia” (podríamos nombrar casos en la ACB más o menos recientes de Entrenadores contratados sin “experiencia” en la categoría y que han tenido un gran éxito). Seguro que la experiencia hace mejor al Entrenador, pero… ¿al entrenador?

Éxtasis: no creo que se pueda vivir esa sensación de la misma manera siendo Entrenador que entrenador. Ese momento inolvidable de completa realización, ese breve instante de felicidad plena antes de seguir el camino.

Sólo son ejemplos, solo son reflexiones a partir de la “E” de Entrenador, un intento de dignificar algo tan grande como “ser Entrenador”. Al final he descubierto el porqué de este análisis.

No sé bien la parte que he sido de Entrenador y de entrenador, quiero pensar que ha habido mucho más de la primera. Si sé cómo podría ser ahora o en el futuro. Con “E”, de Entrenador.


Jorge Álvarez

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