En el salón de su casa, el siempre bien afinado piano le sonríe con su dentadura cariada. El pianista Lorbek acaricia suavemente las teclas, como si estuviese deshojando una margarita. Sobre la mesa, una irrisoria en lo económico y poco atractiva en lo deportivo oferta del Fútbol Club Barcelona lleva días esperando su respuesta. El club en el que agigantó su nombre y en el que colaboró activamente para conseguir diversas gestas deportivas le pretende ahora para que ejerza de tutor y maestro de sus jóvenes talentos, en su equipo “B”.

Erazem Lorbek ya no sueña con volver a ser el mejor cuatro de Europa, sueña con que su teléfono no pare de sonar y que la voz de su agente le comunique que algún equipo de prestigio europeo ha depositado sus esperanzas en él, que cuentan con él, que confían en que puede ser el de antes.

El Barça B no colma las expectativas del jugador esloveno. Lorbek se apresuró en hacer llegar a la prensa su negativa a enrolarse en el equipo LEB Oro, aseverando incluso que esa oferta no existe. El desgarbado ala-pívot asegura encontrarse en mejores condiciones físicas que nunca, dice que tiene unas ganas enormes de demostrar que aún le queda mucho baloncesto en sus piernas, en sus brazos, en su cabeza.  Afirma que nunca se ha retirado, que ha trabajado duro para conseguir un estado de forma óptimo, que quería estar seguro de estar preparado antes de dar el paso y que desea escuchar ofertas. Pero éstas no llegan.

Resulta difícil de creer que Lorbek rendirá en una cancha de baloncesto como hacía antaño. Es cierto que “sólo” tiene 32 años (parece que ha pasado mucho tiempo desde su época en Unicaja de Málaga aunque realmente sólo han transcurrido diez años) pero más de ochocientos días sin jugar en competición oficial es demasiado tiempo, incluso para un jugador que siempre ha interpretado con facilidad los pentagramas más complejos.

El pasado verano, Erazem Lorbek regresó a los parqués. Fue en Orlando, en la liga de verano de la NBA. Lo hizo enfundándose el uniforme de los San Antonio Spurs. No sé si la experiencia le habrá servido para sacarse la espinita de la NBA, pero sí que le sirvió para sentirse jugador de baloncesto de nuevo, aunque fuera sólo por escasos minutos.

Y es que el bueno de Erazem no jugaba un partido oficial desde el 24 de junio de 2.014, cuando el pianista de Liubliana disputaba su último encuentro en la liga Endesa. Participaba solamente seis minutos y acababa con valoración negativa pero su equipo se alzaba con el campeonato. Ponía el punto final a una temporada decepcionante en lo individual en la que las molestias físicas le impidieron rendir a un nivel acorde al salario que percibía. Y es que, en su momento, Lorbek rechazó una oferta del equipo tejano para aceptar un contrato millonario del F.C. Barcelona y muchos aficionados culés aún piensan que ese contrato fue una losa para la sección de baloncesto del equipo catalán. Regresar ahora sería una manera de saldar esa supuesta deuda con el club azulgrana.

Tres ligas, tres Copas, tres Supercopas y una Euroliga en cinco temporadas como jugador barcelonista adornan su palmarés. Antes había maravillado en Moscú, en Roma y en Treviso. Sería demasiado bonito ver a un jugador de tal calibre desplegando su infinita cantidad de recursos en las canchas LEB.

Jaka Lakovic y Lubos Barton, compañeros suyos en Barcelona, aceptaron cerrar su exitosa carrera en el filial blaugrana. Sabían que sería su última campaña como profesionales y quisieron devolverle al club de sus amores lo que éste les había dado. ¿Por qué no lo hace un “exjugador” como el esloveno? Lorbek afirma que aún quiere jugar cinco temporadas más. Dice que está preparado. Quiere recuperar el tiempo perdido.

Desde una postura egoísta, lo reconozco, yo quiero que recapacite, quiero que el aspecto emocional se imponga a la ambición deportiva o económica, quiero que pasee su clase por los parqués de la LEB Oro, quiero asistir, lo más cerca posible, a la última sinfonía del pianista Erazem Lorbek.


Autor: @CMirasAvalos; Imagen: http://www.euroleague.net

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