En el baloncesto europeo siempre han se han vivido historias interesantes que desde el prisma español nos cuesta asimilar que se puedan producir en nuestro baloncesto. Lo cierto es que se puede ver de todo, por ejemplo, remontándome a la temporada 2000-2001 recuerdo como una agencia de representación formó un equipo, el Saint Petersburg Lions para disputar la Euroliga de aquel año y después desaparecer del mapa. Ese caso, lejano en el tiempo, en parte no es tan distinto de lo que se puede ver en la actulidad cuando en la VTB League se “cuela” el Vita Tblisi como si nada. En realidad, los equipos ligados “estrechamente” a determinadas agencias de jugadores siguen estando a la orden del día, como el caso del Mega Leks serbio y, en menor medida, equipos que se aprovechan de estas relaciones “intimas” recibiendo beneficio mutuo como Polzela o Arkadia Lions.

Por supuesto, hay muchas más historias. Se me ocurren otras tres realmente llamativas, al menos vistas desde nuestra perspectiva. La primera, la del campeón austriaco, Gussing Knight, que nada más quedar eliminado de competición europea decidió soltar lastre deshaciéndose de los contratos de Bradford Burgess y de los rookies Lacy y Wright, lo que no le impide dominar su competición doméstica con autoridad.

nilan bisons

El que ya no estaba en la fase de soltar lastre sino bastante peor era el equipo finlandés Nilan Bisons, participante en la VTB League. Los problemas económicos eran un rumor en las redes sociales cuando el club decidió hacerlo oficial en su página web. Primero explicaron en detalle la situación, después propusieron medidas de apoyo popular (donaciones, por ejemplo) y por supuesto dieron las gracias a todos aquellos que les ayudaron con colectas o proponiendo otras iniciativas. Por el camino también hicieron lo mismo que los austriacos, liberarse de la carga económica que suponían muchos de los contratos con sus jugadores. Primero se marcharon Aubrey Coleman y Burtschi, y en una semana se fueron Seppala, Koivisto y los extranjeros Zeno y Udanoh. El club sigue apretándose el cinturón e intenta acabar la temporada en la que actualmente ocupan la segunda posición de la liga finlandesa.  Claro que para eso han hecho algo sorprendente dada la situación descrita: en una semana se han reforzado con cuatro jugadores, un americano desconocido como Tayloe Taylor, el pivot luchador Sparks, y dos jugadores exteriores de más renombre, la promesa internacional por Holanda Franke y el internacional universitario Australiano Corey Maynard.

Dirigimos por último nuestra mirada a Hungría, al equipo llamado Falco KC. Sus aficionados, tras una sonrojante de derrota por 35 puntos, se encuentran con que en la siguiente jornada hasta cinco jugadores (Rundles, Comagic, Rakic, Butorac, Hallik) no están ya en la plantilla. La cara de asombro puede ser grande, porque situado en la mitad de la tabla, desde el club se transmite la idea que el equipo no estaba cumpliendo las expectativas, y en una semana se anuncian cuatro fichajes de cierto relumbrón: Todo un ex Maccabi-TA como Relphorde, el ACB este año Dantay Thomas, o un buen americano como Bradford Burgess, y el pivot húngaro Lekli. Lo que da una idea de la disponibilidad económica del baloncesto húngaro frente a la segunda división española.

Y es que la crisis económica del baloncesto español azota a los equipos en forma de pérdida de patrocinadores y de recursos en general, lo que ha acabado por llevar a la Leb Oro de ser considerada la quinta liga de Europa, como se hablaba en los medios hace unos años, a no poder competir en sueldos frente a ligas europeas como la citada Hungría, Polonia o Rumanía, sólo por citar unos ejemplos. En comparación con las situaciones descritas, los cambios en las plantillas en el baloncesto español, se quedan en poca cosa. Con el plazo de inscripciones recién cerrado, en LEB Oro es el Cafés Candelas Breogán el equipo que más movimientos ha efectuado entre altas y bajas, con siete movimientos. Si miramos a la ACB, Movistar Estudiantes ha hecho incluso más, nueve movimientos, pero en ambos casos se trata de altas y bajas que se han ido realizando durante el transcurso de la temporada. No existen, quizás sólo por el momento, cambios radicales de configuración de la plantilla, sea por crisis económica o deportiva, o simplemente por no alcanzar un objetivo de la temporada. El ejemplo finés también nos sirve para para ver una forma distinta de afrontar los problemas económicos antes de que no tengan remedio, algo que en España por desgracia hemos vivido demasiadas veces, con decisiones que llevaban a los clubes hasta la extinción.

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