El pasado viernes supimos gracias a la información de Gigantes que la Federación Española de Baloncesto se plantea alterar la actual composición de la LEB Oro, para aumentarla en dos equipos y poder aproximarse a lo que estaba previsto en las Bases de Competición aprobadas en mayo: una liga de 16 equipos. Se trata así de buscar una solución de urgencia a un problema que se debió afrontar hace tiempo, no cuando apenas quedan seis semanas para que empiece la liga, con el calendario ya sorteado y los equipos ya hechos en su inmensa mayoría.

Para llegar a este punto tenemos que volver a contar una historia mil veces repetida. Si las competiciones baloncestísticas españolas tuvieran un funcionamiento normal, Tizona y Ourense habrían sido inscritos en la ACB en el mes de junio y Fuenlabrada y Gipúzcoa lo habrían hecho en LEB Oro el 3 de julio, fecha en la que finalizó el plazo de inscripción. Sin embargo, la ACB denegó la inscripción de aquellos y ofreció sus plazas a los descendidos a LEB Oro, quienes si fueron readmitidos. Como consecuencia de ello, los dirigentes de Tizona cumplieron su amenaza de no inscribir al equipo en Oro, al igual que hicieron en Axarquía (que se inscribió en Plata) y Valladolid (donde el equipo de toda la vida desapareció, siendo sustituido por otro de nuevo cuño que también se inscribió en Plata). El otro equipo al que la ACB rechazó, Ourense, sí que se inscribió en Oro. Lo mismo hicieron los dos ascendidos de Plata: Cáceres y Amics Castelló, así como el resto de equipos que tenían derecho a hacerlo.

De este modo, teníamos 13 inscritos, incluyendo un Ourense que recurría al CSD la decisión de la ACB de no inscribirle.

Finalizado el plazo de inscripción, se concedió una prórroga hasta el 17 de julio. Faltaban tres equipos para completar la liga de 16 y según las citadas Bases de competición, las vacantes debían ser ofrecidas a CEBA Guadalajara, Prat y Zornotza.

Nunca se hizo público si se habían ofrecido esas vacantes a esos clubes ni a otros. Es de suponer que sí se le ofreció a Prat, que efectivamente está inscrito en Oro, dando lugar la actual liga de 14, que ahora se quiere ampliar. ¿Se le ofreció a algún club la vacante y la rechazó? ¿Ninguno cumplía los requisitos? ¿A nadie le pareció entonces que una liga de 13/14 equipos era demasiado corta?

El calendario se sorteó el 27 de julio, eliminando cuatro jornadas de las previstas para una liga de 16, pues con 26 era suficiente para completar todos los emparejamientos entre los 14 equipos inscritos (en el caso de que la liga vaya a ser impar, se sustituirían los enfrenamientos de cada equipo con Ourense por jornadas de descanso).

A los pocos días de ese sorteo supimos por la edición de Lugo de La Voz de Galicia que la Federación se planteaba modificar el sistema de ascensos a la ACB. Resulta paradójico hablar de un sistema de ascensos a una liga que no inscribe a quienes lo logran, salvo contadas excepciones, pero hay que hacerlo. En lugar de una plaza de ascenso directo para el campeón y otra para el vencedor del playoff, la FEB proponía volver al sistema de playoff entre los ocho primeros, con plaza de ascenso para los dos finalistas.

Nunca se ha vuelto a tener noticias de esta propuesta de cambio del sistema de ascensos a ACB.

Tampoco ha habido en ningún momento información alguna sobre el mantenimiento del número de descensos a Plata (dos), que estaba previsto para una liga de 16, y que podría resultar excesivo en una liga con 13 o 14 equipos.

Ahora, casi un mes después de haber sorteado el calendario, parece que la Federación está sondeando a los clubes sobre la posibilidad de ampliar la liga, para dar cabida a un nuevo proyecto burgalés del que nada se sabe, y al filial del Barcelona, cuyos méritos para jugar en Oro son absolutamente desconocidos, por cuanto el año pasado fue un equipo que no finalizó precisamente entre los primeros clasificados de la LEB Plata. En realidad, tampoco se ha explicado por qué si el “nuevo” Tizona jugaría en Oro, el “nuevo” Valladolid lo hará en Plata. Y por supuesto tampoco se han aclarado las cuestiones que nos planteábamos en un párrafo anterior: ¿Se le ofreció a estos clubes la posibilidad de inscribirse en Oro hace mes y medio? ¿La rechazaron? ¿Les rechazó la FEB por no cumplir requisitos? ¿Los cumplen ahora?. En el caso del nuevo proyecto de Burgos, hay aún más dudas, pues ni se sabe si existe ese club al que se inscribiría en Oro, ni si estaría a tiempo de formar una plantilla cuando queda poco más de un mes para empezar la liga.

El aumento del número de los equipos participantes en la LEB Oro es sin duda positivo para la competición, como también lo es que la ciudad de Burgos siga representada al menos en la segunda categoría del baloncesto nacional. Pero los indudables beneficios de la decisión que ahora se plantea no ocultan que la gestión del baloncesto español no puede seguir estando marcada por el cortoplacismo, la improvisación y la lentitud en la toma de decisiones. Resulta inadmisible que una competición no se rija por normas estables y menos aún que el cumplimiento de las mismas sea opcional. ¿Para qué sirve establecer plazos de inscripción si luego se admite a equipos no inscritos? ¿Para qué sirve el resultado deportivo si es irrelevante a la hora de determinar la categoría en la que se va a competir en la temporada siguiente?

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