Un base que lleva un apellido mítico que marcó una época en la Penya, y sin embargo, eso no fue impedimento para labrarse un futuro. Hablamos de David Jofresa (Barcelona, 1995 / 182 cm), un joven jugador que pasó por la cantera del Joventut para luego crecer en L’Hospitalet y hacer los que pocos hacen: salir de su zona de confort (fichando por Villarrobledo en EBA en su salto al profesionalismo).

Allí dio el impulso para pasar a canteras de ACB, donde debutó en la élite y desde donde llegó a Plata, donde cuajó una gran temporada. Sin embargo, el pasado verano decidió dar un giro ante la falta de ofertas “decentes” (a pesar de su juego) y por ello inició su aventura en Francia. De todo ello hablamos ahora…

Zona de Básquet – Desde pequeño has estado pegado a un balón. Sin duda, ver a tu padre y a tu tío jugar era la mejor señal para ser como ellos. ¿Cómo fueron tus inicios?

David Jofresa – La verdad es que nací con un balón en las manos. Cuando apenas podía hablar toda cosa redonda que veía le llamaba pelota. Así que con una familia de baloncestistas no tenía mucha elección. Jugué mi primer año en el club del pueblo donde vivía, Alella. Y a los 6 años me voy a la Penya, por tema de horarios y organización de mis padres.

ZdB – Entras en la “Penya” con una buena generación del 95 y ya juegas la Minicopa y ganas el Campeonato Infantil. ¿Cómo es eso de sentir los focos de atención a pesar de ser tan pequeño?

DJ – Esa generación fue cambiando y evolucionando durante los años. El recuerdo es que año tras año hacíamos un grupo increíble. Éramos amigos y nos lo pasábamos bien haciendo lo que más nos gustaba. Sobre todo en la Minicopa hay una expectación mediática que posiblemente no le hacen bien a un chico tan pequeño, por eso es clave tu entorno. Tener a gente que te diga que lo importante son los estudios, los amigos y la familia y que te ponga los pies en el suelo. Porque, a toro pasado, ganar o no la Minicopa no es trascendente.

ZdB – En un buen momento para ti, caes lesionado.

DJ – Ocho meses sin jugar. El año que ganamos el Campeonato de España fue durísimo para mí. Venía de ser un referente, de estar en la selección… pero a esa edad, ocho meses sin entrenar pasan factura. Los compañeros dan un salto de calidad. Mientras que tú, aparte de no haberlo dado, tienes que lidiar con los problemas físicos posteriores a una lesión de larga duración. Recuerdo llorar mucho de tristezas y alegrías.

ZdB – Esa temporada hizo que te fueras en Júnior a otro equipo, pero no a uno cualquiera, sino a otro club prestigioso en formación en Cataluña: L’Hospitalet. Pudiste entrenar y jugar con el EBA y jugar el NJIT los dos años. ¿A toro pasado, como ves esa categoría en tu carrera en un momento en el que necesitabas jugar y recuperar sensaciones?

DJ – La idea era recuperar el tiempo perdido con la lesión, entrenando y jugando por partida doble. La idea era Júnior B y Júnior A, y por tema de lesiones acabé con el EBA también. Después de once años en la Penya aprendí lo que era sufrir y luchar cada partido, fue una parte indispensable de mi formación.

ZdB – Ya como Sénior (13/14), haces lo que pocos jóvenes hacen hoy en día: sales de tu zona de confort y te vas a Villarrobledo a jugar en EBA con Boris Balibrea. ¿Por qué esta decisión?

DJ – Tenía ganas de salir de casa. Con Boris habíamos coincidido en la etapa del Hospi, él como entrenador de EBA. Llegó a un club humilde, empezó la pretemporada y vio que le faltaba algo más al equipo y me llamó. Vi opciones reales de minutaje y al día siguiente hacía las maletas.

ZdB – Dos temporadas allí a un gran nivel, con medias 28 minutos y casi 10 puntos. ¿Cómo es la vida de un joven en EBA?

DJ – Pues entiendo que la de muchos jóvenes: muy difícil. Entran en equipos veteranos y los entrenadores no les dan confianza. Yo entré en un grupo magnífico, en un club increíblemente cercano, como una familia. Un entrenador que confió en mí y un base titular que quiso hacerme aprender. La segunda temporada fue de crecimiento y de más responsabilidad. Me lo pasé muy bien en Villarrobledo. Pero como ya decía antes, esto no es lo habitual…

ZdB – Tu progresión te lleva al filial del ACB Andorra (15/16), un hito más en tu progresión y una muy buena temporada para ti. Zona de Básquet te elije como uno de los mejores U22 de EBA debido a tu sobria temporada y además llega al fin el debut en la ACB. ¿Cómo fue ese momento y encima con la carga simbólica de que ocurra en el Olímpic de Badalona?

DJ – Cuando supe que podría estar vinculado fue lo máximo. Después de la lesión y de tanto esfuerzo volvía a estar bien posicionado. Es la temporada que más he entrenado en toda mi vida. El debut fue inesperado, no tenía que estar en ese partido; Víctor Sada se lesionó, así que viajé con el equipo sin pensar que iba a jugar. Joan Peñarroya fue valiente, me hizo jugar cinco minutos para dar descanso a Schreiner. En mi casa, delante de mi gente, de mi familia, jugando contra ex compañeros con los que había compartido tanto. Creo que es el mejor recuerdo que tengo del baloncesto. Fue un sueño cumplido debutar en ACB. Y cosas del destino hacerlo en el Olímpic, aunque con una camiseta que nunca imaginé.

ZdB – En tu última temporada U22 (16/17) fichas por Manresa para jugar vinculado en Martorell. Gran temporada con ascenso a Plata y cada día dirigiendo mejor, pero pocas opciones en ACB (solo un partido). Sin duda, tu mejor temporada en EBA, con Adrià Alonso confiando en ti y aguantando a pesar de la dificultad que supone la doble dinámica ACB-EBA. ¿Compartes nuestra visión?

DJ – A nivel EBA, colectiva e individualmente, seguro. Jugué muy bien y ganamos la Copa, la Liga y la Fase de Ascenso. A nivel ACB, fue duro. No empecé bien y, como dicen a veces, la primera impresión es muy importante. Creo que nunca confiaron en mí y yo creo que acabé mereciendo más. Pero claro… ¡Esa es mi opinión!

ZdB – Al fin, la temporada pasada te llega la ansiada oportunidad en LEB, al renovar en Martorell. ¿Por qué no diste el salto antes?

DJ – Siendo realistas, ninguna oferta. Al final, la opción de estar en LEB me la gané ascendiendo con el equipo. Y el Martorell, y sobre todo Adrià Alonso, apostaron por mi continuidad. Estoy muy agradecido porque el club y la ciudad hicieron un esfuerzo enorme para estar en LEB.

ZdB – La temporada pintaba bien, con un dúo joven de calidad (Dani García – David Jofresa). Sin embargo, la temporada no fue buena: mala dinámica inicial que supuso el cese del “coach”, las lesiones hicieron que García estuviese más en Oro que en Plata (con minutadas para ti y llegando cansando a los finales)… ¿Quizás la temporada más dura en el aspecto mental?

DJ – Fue el peor año a nivel de resultados. No competimos mal. Pero pagamos ese peaje de inexperiencia en la liga y perdimos muchos partidos ajustados. Tanto como con Adrià, como con Joan Albert, lo intentamos de todas las maneras aunque cuatro de nuestros jugadores dependían de Manresa, y no nos lo pusieron fácil. No es un ataque. Era una vinculación nada usual, Oro-Plata, y cada uno mira por sus intereses.

ZdB – La verdad es que calcaste y mejoraste en algunos aspectos tus números en Plata respecto a EBA. Cuando leemos la noticia de que te vas a Francia, no lo entendemos. Cada caso es un mundo, pero que se llenen de extranjeros estas ligas y que no se te dé la oportunidad a ti, como a otros muchos, nos provoca estupefacción y sorpresa. ¿Qué sucedió?

DJ – La verdad es que en Plata, una vez me adapté a la liga, me sentí muy cómodo. Creo que el paso natural era seguir un año y reafirmarme para seguir escalando. Me llegaron dos ofertas de LEB a las que dije que no, por motivos que ya os podéis imaginar. Hay un momento que uno mismo debe ponerse un límite. La idea era esperar algo mejor, pero salió la opción de Francia. Era temprano, eso es verdad, pero no quise esperar más.

ZdB – Esto nos lleva a hacerte la pregunta del millón que hacemos a todos los que estáis fuera. ¿Cómo se podrían mejorar las condiciones en España para que os dieran oportunidades?

DJ – El principal problema que hay lo tenemos los jugadores. Si todos nos hiciéramos respetar, los clubes no podrían seguir ofreciendo las condiciones que ofrecen o tendrían cuatro jugadores por plantilla. Pero es verdad que esto es un poco utópico, porque la liga está muy abierta al mundo y hay mucho jugador extranjero que viene en busca de la oportunidad. Hay jugadores a los que les funciona y a otros no. Pero fuera siempre hay gente dispuesta a venir por muy poco para dar el salto. Esto es muy peligroso para el desarrollo del jugador nacional y para la fuerza que tenemos para firmar buenos contratos.

ZdB – Llegas al ESMS francés (NM2, equivalente a EBA pero con mejores condiciones). ¿Valoraste otros países?

DJ – Sería el equivalente numérico, pero no sería comparable a nivel de baloncesto.
Nunca me ha dado miedo marcharme. Creo que uno tiene que buscar su felicidad. Ya hacía tiempo que estaba desencantado con el funcionamiento del baloncesto español. La verdad es que fue todo bastante deprisa. Ellos siempre fueron muy claros con lo que querían de mí y a mí me motivó el reto. Ayudó en mi fichaje el hecho de tener familia francesa, ya que a mí me hacía ilusión jugar allí y aprender el idioma y a ellos les aseguraba una integración más rápida.

ZdB – ¿Qué tal ha ido la temporada? El club estaba recién ascendido y logró estar en mitad de la tabla.

DJ – El objetivo del club siempre fue la permanencia, aunque sabían que era difícil. Hemos tenido una temporada súper tranquila y jugando un baloncesto divertido.
Los primeros dos meses fueron difíciles por el idioma y porque tácticamente es bastante diferente. Después, adaptadísimo a la liga, al club, al arbitraje… [risas]

ZdB – El nombre del club está formado por tres equipos de villas cercanas que se fusionaron para tener mayor impacto, algo muy loable.

DJ – Así es: Montgaillard, Montsoué y Sarraziet. Están a cinco minutos cada uno y hay 1.000 habitantes en cada uno. Es la manera que han encontrado para conseguir una masa social más grande. Para que todo el mundo esté contento, vamos rotando de pabellón. [risas] La verdad es que es una gran familia l’ESMS. No es solo baloncesto. Compañeros, entrenadores, dirigentes… te hacen sentir uno más. Es una sensación parecida a la que tuve en Villarrobledo, pero con una cultura diferente. Jugar fuera pero rodeado de todo esto es mucho más fácil. Además, integrarse en un equipo, club, liga, pueblo… es muchísimo más fácil cuando el 90% de los jugadores son locales.

ZdB – Cuéntanos un poco la dinámica de entrenamientos y dónde resides.

DJ – Debemos equiparar la liga en ese sentido a la EBA. Hay equipos profesionales y otros que no. En nuestro equipo casi todos tienen su trabajo aparte. Son tres entrenos semanales de dos horas. Después, trabajo aparte para los que no trabajamos. Copia de las llaves del pabellón y todas las facilidades para seguir mejorando.

Vivo en la ciudad de Mont de Marsan, a veinticinco minutos de los tres pueblos donde entrenamos y jugamos. El tamaño de la ciudad es ideal, tiene encanto y es tranquila, pero no te falta nada a nivel de restauración, entretenimiento…

ZdB – ¿Crees que la NM2 francesa reunía las condiciones de rivales, más físicos y tácticos, para evolucionar en tu juego o ha sido una maduración diferente, en la forma de sentirte tú el extranjero del equipo?

DJ – Es una liga muy física, en ese aspecto me ha sorprendido. A nivel táctico, pienso que los equipos españoles están mejores trabajados. Aquí hay mucho más uno contra uno y creo que me ha venido bien para mejorar ese aspecto de mi juego. Pero está claro que aunque me haya venido bien, la decisión de venir aquí tenía razones más allá del baloncesto: aprender un idioma, poder acabar antes la carrera y bueno, lo que decíamos, un mejor trato al jugador de baloncesto.

ZdB – Otro de los atractivos de estar ahí tiene que ser la zona. Cerca tienes Landes, Burdeos, Pirineos, Pau… unas regionas preciosas de parajes y pueblos para perderse. ¿Lo has aprovechado?

DJ – Quedaría mejor decir que cada finde libre que tuve lo aproveché para entrenar, pero mentiría. Creo que la vida debe ser un equilibro, sobre todo cuando el baloncesto no te va a solucionar tu vida. Disfrutar es importante también. ¡Así que sí! ¡Con mi furgo del 77 hemos explorado bastante la zona! ¡Y es precioso! Cuando la familia viene a visitarme intentamos el domingo hacer un poco el guiri y descubrir un poco más toda esta zona. Mi zona preferida, la Côte Basque.

ZdB – Desde muy joven estás fuera de casa. ¿Has tenido tiempo a estudiar?

DJ – Sí, empecé la carrera de Derecho. La idea es acabarla el año que viene y seguir formándome. El baloncesto se acaba. ¡Y más pronto de lo que desearíamos! Así que no queda otra.

ZdB – ¿Cómo ves el futuro? ¿Volverás a España o te apetece seguir con la experiencia en el extranjero hasta que te llegue una oferta buena?

DJ – Lo que percibo es que en otros países europeos hay una cultura de respeto a las condiciones de los deportistas mucho más arraigada. No estoy hablando de un tema solo de salarios. Que haya gente en segunda división compartiendo piso con otros tres compañeros de piso no me parece algo normal. Uno nunca puede cerrar puertas. La situación en España parece que empieza a mejorar, pero no soy optimista a corto plazo en ese sentido. Sobre todo, por lo que decía antes, porque aquí ahora soy feliz. Creo que si se da la situación de volver a España, será una decisión de vida, no de baloncesto. Eso es lo que percibo ahora. Ojalá las cosas cambien.

ZdB – ¿Cómo se convive, sobre todo, al inicio de tu carrera, con el peso de ser el “hijo y sobrino de los Jofresa”?

DJ – Siempre hay un foco añadido. Para lo bueno y para lo malo. Sería estúpido negarlo. Yo estoy súper orgulloso del apellido que tengo y de todo lo que consiguieron mi tío y mi padre. Pero por mi manera de ser, hubiera preferido que ese foco no existiera. Aunque nunca me molestó.

ZdB – Ya hemos hablado de tus decisiones del pasado verano, pero hace ya más de un año hablábamos en esta web con tu padre, Rafa Jofresa, en calidad de secretario de la ABP. Nos hablaba del interesante efecto embudo, del muro de los jóvenes de 18 años que saltan al profesionalismo y tienen delante extranjeros de 28-30 años y no disponen de minutos para crecer y desarrollarse. ¿Cómo se podría romper este círculo vicioso?

DJ – Contestar eso en una sola pregunta es complicado. Y creo que hay gente formada para contestar a esa pregunta. Mi humilde opinión es que deberían buscarse muchas soluciones y no veo demasiado movimiento. Creo que esa situación existe sobre todo con jóvenes de 18-22 años que maduran más tarde y no tienen minutos en una liga de nivel o los tienen en una liga que poco los hace mejorar. Una posible solución pienso que sería que la LEB plata, por ejemplo, fuera más restrictiva con el número de extranjeros. Dicen que no es posible, pero en Francia lo hacen declarando esa liga como liga de desarrollo para el jugador de formación francés. Otra opción sería crear una liga U22 solo de alto nivel y que esos jugadores estuvieran en dinámica Oro, ACB. Soluciones creo que las puede haber. Voluntad y ganas de cambio, está por ver.

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