Cuando en el verano el GBC decidió dar un paso unilateral hacia atrás, parar el crecimiento de una deuda que cada vez hacía el agujero más grande, y sobre todo revitalizar a una afición tras tres descensos no consumados en cuatro años, porque recordemos una cosa: a la gente le gusta ver ganar a sus equipos y solo pocos consiguen mantener un buen flujo de espectadores cuando los resultados son adversos; pocos podían esperar un resultado como la posición actual de los donostiarras (primeros y muy cerca del ascenso directo).

Vamos a dejar de un lado el tema económico (la deuda que existe, los juicios con Doblas…) porque no es el momento y lugar. Nos centramos únicamente en lo deportivo.

Como un equipo que ni mucho menos era una plantilla Top, sino un outsider, a priori, acaricia con sus dedos el título de Campeón de la LEB Oro 16/17 y el teórico derecho a ser ACB (¿algún día se definirá todo esto?), contando con dos oportunidades a falta de dos jornadas y queriendo que el Gasca (su pista) sea este viernes, frente a Leyma Coruña, el lugar para festejarlo.

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Si hay que buscar un nombre al cual mirar, sin duda debe ser el de su entrenador, Porfi Fisac, el maestro de ceremonias. Pocos entrenadores saben sacar tanto jugo a su plantilla, y sobre todo convencer a sus soldados de que son “superhéroes” para dar un rendimiento exponencial. Si a eso le unes que es un perfecto conocedor de la competición, que sabe dónde apretar o cómo quitar presión con sus declaraciones y centrarla sobre otros aspectos, el rendimiento es el que vemos. Un entrenador que ya consiguió ascender a la ACB en 2006 (GBC) y 2009 (Valladolid) y que tras su despido en noviembre de 2012 del Fuenlabrada de ACB, volvió a la escena de los banquillos LEB en el verano de 2014 para dirigir al desaparecido CB Valladolid. Un equipo que estuvo siete meses sin cobrar, con rotaciones justas y que llegó a las semis de playoff de aquella campaña porque Porfi era el nexo de unión, rechazando incluso ofertas ACB. En la 15/16 fue Palencia quien lo tuvo en sus filas, hasta que el GBC (todavía en ACB) llamó a su puerta, y antes de irse, Porfi dejó al Palencia bien encarrilado y en dinámica positiva, rematando el trabajo su asistente, Sergio García, con el campeonato.

Y de nuevo en esta temporada Porfi lo vuelve a hacer. Roles definidos, cada jugador con su cuota de participación se siente vital en el equipo y, sobre todo, creen con fe ciega en los ideales de Porfi. Claramente, los resultados les avalan. Probablemente, el juego del GBC no sea de los más vistosos, o puede que alguien diga que este equipo no juega a nada (¿quién juega a algo definido en Oro?), pero su férrea defensa que asfixia a rivales y les ayuda a obtener canastas fáciles es su seña de identidad más visible.

Algo básico es el ambiente de Gasca (más pequeño y con el público mucho más encima que en Illumbe). A lo mejor no es la pista más ruidosa de la categoría pero, sin duda, aprieta y alienta a los suyos cuando debe, lo que se traduce en una fortaleza como locales de la que ningún equipo en Oro puede presumir. Desde la cuarta jornada frente a COB no han vuelto a perder en su feudo, contando todos sus partidos desde entonces por victorias.

La regularidad es otro de sus puntos fuertes. Mientras los equipos rivales han tenido bajones, GBC no ha mostrado debilidades continuadas. Cinco derrotas en la primera vuelta (que le dejaron fuera de la Copa Princesa) y solo cuatro en esta segunda vuelta. Además, frente a los equipos de arriba ha ganado a los cinco primeros al menos una vez, perdiendo solo average con Palencia.

Otro punto básico para ser el líder, y estar donde está, es su fortaleza mental en los momentos calientes del partido, siendo un equipo indomable en los partidos ajustados. Sus nueve derrotas siempre han sido por resultados mayores a cuatro puntos (dos derrotas por cinco puntos es su resultado más ajustado). Sin embargo, si analizamos los encuentros donde ha ganado o perdido por cinco puntos o menos, vemos que el GBC ha ganado hasta en diez partidos ajustados con ese marcador y solo ha perdido en dos jornadas, lo que le hace un equipo temible en finales apretados.

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Dos jugadores tienen un rol de peso en este equipo. Ricardo Úriz volvió a casa para ser el líder, desechó cantos de sirena de la ACB y se ha erigido en el timonel que marca el ritmo de los partidos, además de ser básico en todos los intangibles. Sergi Pino es otro nombre propio; Fisac ya elevó su rendimiento en Pucela, y en San Sebastián lo ha vuelto a hacer. Puede parecer fallón en determinados momentos, pero sus rachas de anotación con triples increíbles han sido decisivos varios partidos. No están solos ni mucho menos, Mike Carlson parece otro jugador distinto al de su época de Clavijo, no siendo un 4 tirador, sino que va en su juego mucho más allá y llama a las puertas de la ACB como jugador total. Pero el que se está saliendo es Joan Pardina, que hace de todo, un jugador que crece a base de trabajo y que si fuese extranjero probablemente se hablaría más de él.

En el cinco un irregular Slezas que alterna grandes actuaciones con momentos de olvido por sus faltas personales o su mal porcentaje de los tiros libres, ha dejado hueco a Ndoye, una apuesta senegalesa sub22 de Fisac que ha salido cara (la cruz fue Niang, ahora en Plata) con sus cualidades físicas y ganas de mejorar. Pero Porfi ha sabido reinventarse jugando con dos ‘cuatros’ e incluso metiendo por dentro a Pardina en plan small-ball, en una liga donde si no tienes un ‘cinco’ fuerte, sufres. Mucho mérito tiene Simeonov, que llegó con la temporada iniciada para sustituir a Olaizola y ha cumplido como un espartano más y siendo decisivo como, por ejemplo, en la última jornada frente al Melilla.

Ya hemos comentado que Porfi hace crecer a sus jugadores en el plano táctico, pero también mentalmente. El mejor ejemplo es Lander Lasa, que pasó por Pumarín sin pena ni gloria y ahora parece un shooter indomable, aunque los registros desde más allá del 6’75 son prácticamente calcados; otro ejemplo es Xabi Oroz, pocos podían haber apostado por él en Oro como ‘uno’ y da unos relevos perfectos en los descansos de Úriz con su gran despliegue físico. La enésima demostración es Capel, el americano no cuajó en Huesca y le reclutaron ante la baja de Skouen, se ganó sus minutos en pista y ahora parece otro jugador.

Desde dentro del vestuario se transmite ilusión, pero precaución. Son conscientes de la oportunidad que tienen y lo genial que sería, pero saben que no está nada hecho aún. Lo que vendría luego, ya no depende de ellos, porque ellos si consiguen el título pueden tener la conciencia tranquila. Lo que nadie puede es quitarles méritos, porque Porfi Fisac lo ha vuelto a hacer una vez más y sus chicos han cumplido a la perfección.

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