El equipo tapado que nadie esperaba al inicio de la temporada y sorprendió a todos colocándose primero al final de la primera vuelta, culminando ese gran momento con el título de la Copa Princesa en su feudo, está sufriendo en la segunda vuelta un bajón de resultados. Estamos hablando del OCB que, situado quinto en la tabla actualmente, mira de reojo hacia abajo por el peligro que supone bajar algún puesto más y perder el premio ganado en la Copa de tener el factor cancha siempre a favor en los playoff si queda al final de la Liga Regular entre el 2º y el 5º.

Situado a dos victorias del primer puesto (más averages particulares) a falta de cinco partidos y con rivales en estado de gracia, mirar al primer puesto es una quimera. Con 18 victorias, quedar entre el segundo y el quinto aseguraría el factor cancha en PO, como hemos dicho, pero no todo es tan fácil. A una sola victoria de ellos, con 17, está un Melilla (con average particular ganado por los de Alcoba) que parece el gran rival, sin descartar a Leyma Coruña (también con 17, al que los de Marco ganaron de 10 en Pumarín y al que visitan este mismo domingo), un equipo que como el OCB le está costando encontrar la pedalada adecuada en esta segunda vuelta.

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Johan Lofberg (imagen Álvaro Campo)

El calendario, propicio en una primera vuelta con cinco victorias en este tramo final, produce ahora más dudas vista la tendencia de juego del equipo asturiano en los últimos encuentros, un juego al que, la pasada jornada, se refería el técnico carbayón Carles Marco como “carente de chispas”. Este domingo visitan a Leyma Coruña en un duelo directo de urgencias para ambos; luego reciben a Marín, que va con todo dando sus últimas bocanadas; viajan a Palma, que sueña con PO (y cuentas pendientes); reciben en Pumarín a un Araberri ya salvado y finalmente, jugarán la última jornada contra la sensación de la segunda vuelta: el filial del Barcelona de Dago Peña y Gerun.

¿Qué ha sucedido?

Nos remontamos al banco de datos históricos  y observamos que en los últimos años solo  Palencia, en la 14-15, cayó de forma brusca en la clasificación tras levantar la Copa (acabaron en 8º lugar), afectado por una serie de lesiones que los desdibujó y a la que no pudieron sobreponerse. Para encontrar otro campeón de Copa que no lo fuera también de Liga Regular, o al menos subcampeón, hay que remontarse a la 07/08, con el Leche Río Breogán que acabó 4º. También es de cierto que pocas veces ha sido campeón de Copa un equipo tan inesperado como este OCB, por el que muy pocos hubieran arriesgado su dinero en una casa de apuestas al inicio de la competición.

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La ausencia de Dani Pérez ha sido determinante en esta segunda vuelta (imagen Álvaro Campo)

El balance es claro, el equipo que sorprendió con esa defensa extenuante que apretaba (de los equipos que más faltas hacía) y que sorprendía en ataque con un juego directo, basado en el pick and roll de su base con sus pívots grandes o con ese juego de espacios y extrapass donde sus tiradores parecían vendavales, poco a poco se ha ido diluyendo y con ello esa aura externa del “Fortín de Pumarín”, invicto en la primera vuelta, y que ahora ya suma tres derrotas. Una tendencia negativa que, probablemente, llegó a su máxima expresión en la visita de Melilla, particular bestia negra de los ovetenses, que solo se han impuesto a los de Alcoba en una ocasión (en 2013).

¿Existe alguna causa?

Las lesiones de jugadores claves han sido muy importantes, aunque, por otro lado, el OCB no ha conseguido jugar ni un partido de la LEB Oro con toda su plantilla sana. Sin embargo, la baja de Dani Pérez (ahora tocado de un pie) ha sido muy importante, ya que el base catalán estaba desarrollando, probablemente, el mejor baloncesto de su carrera; el verdadero motor del ataque ovetense, moviendo al equipo y generando ventajas. Otra ausencia notable fue la del MVP de la Copa Miquel Salvó, al cual el OCB necesita al 100%, ya que es el pegamento que hace todo lo que el equipo necesite, el fiel ejemplo de lo que es el pundonor.

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Miquel Salvó, MVP de la Copa, se ha perdido parte de la segunda vuelta (imagen Álvaro Campo)

Otro factor importante es el calendario. Es sabido que los equipos entran en una dinámica ganadora que les hace invencibles. Pues algo así pasó en la primera vuelta. La fortuna de un calendario donde podía asegurar partidos en casa contra rivales de abajo tapaba las carencias de siempre a domicilio y ayudó a que se lo creyeran cuando nadie contaba con ellos. Pero en esta segunda vuelta, la balanza de resultados ajustados que caían de su lado se inclinaba hacia el otro lado en busca del equilibrio natural.

El bajón post Copa (incluso post clasificación copera, como se vio contra COB en Pumarín), el no descanso en un calendario ya apretado por sí, la mala suerte, las mejoras rivales que han ajustado sus defensas, la sensación de haber hecho más de lo que se esperaba… Se podrían enumerar muchas más y, probablemente, nunca acertaríamos. Pero la autoconfianza parece clave y en esta segunda vuelta ha girado de bando. Jugar cinco finales ajustados, cuatro de ellos con prórrogas, y ganar solo uno (el de Palencia en Pumarín) es algo que pesa y ni un reset lo evitaría.

Las victorias ante Prat y TAU dieron una tregua sin llegar a encontrar el juego coral, obteniéndolas por la inercia de un equipo que sabe que puede jugar al baloncesto muy bien. La derrota competida contra GBC (donde un despiste inaudito les hizo perder el average particular) y la mala imagen ante un Melilla experto en estas lides demostraba que, ante grandes plantillas, si el OCB no juega al 100% que ha demostrado que es capaz de dar, le cuesta estos partidos.

El UF Baloncesto Oviedo necesita recuperar su sonrisa, recuperar ese juego alegre, la confianza en los jugadores (sobre todo en sus tiradores), no acelerarse si las cosas no salen bien en la primera jugada, la tranquilidad en el banquillo de ver lo que está sucediendo y leer los partidos, no buscar en experimentos extraños la solución cuando no se ha probado si las cosas van bien y tirar de la gente experta que ha pasado por estas vicisitudes.

Otro punto importante es la autoexigencia, donde debe mirar el OCB como club. Un club que crece paso a paso y que ya empieza a sonar en las coletillas de los corros de LEB Oro cuando se empiezan a enumerar equipos. Un club modesto, que pone piedra sobre piedra, con un posible proyecto de nuevo pabellón según los medios locales y una afición pequeña en número respecto a otras, pero que ganen o pierdan les apoyan a muerte mientras se lo dejen todo en la cancha. En otras temporadas ser quintos a estas alturas podía parecer un milagro, pero no debemos olvidar que el año pasado OCB fue cuarto en liga regular y en su primer año (13/14) llegaron a semis de PO.

Por lo tanto, el listón debería venir marcado por la propia autoexigencia del equipo, el volver a ser aquel equipo que demostró un nivel de juego que les llevó a ser campeones de Copa y del cual ahora están alejados. Con la Copa Princesa en el bolsillo, la temporada ya se puede tildar de éxito, pero igual que en otras temporadas donde las derrotas eran más frecuentes que las victorias, lo que siempre debe hacer es luchar hasta donde pueda llegar.

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