La carrera profesional

Quique Villalobos llegó al baloncesto de forma inesperada. Recuerda que “me gustaban todos los deportes -natación, atletismo, balonmano, incluso voleibol…-, y a los 16 años, cuando se deshizo el equipo de balonmano del colegio, tuve que cambiar a baloncesto“, pero asegura que cuando empezó a jugar, “me enamoró“, aunque nunca pensó en dedicarse a este deporte, “porque era muy malo“.

Recuerda que empezó tarde y que sus recursos técnicos eran “muy flojos“, pero “los fui trabajando poco a poco”, y cuenta que en su primer años en ACB, “yo no sabía entrar a canasta con la izquierda“. Tenia “miles de carencias, pero físicamente era un toro“, dice, “y eso me ayudó”. Pero pese a que “fui mejorando ciertas cosas técnicas“, cree que “técnicamente he sido un jugador muy mediocre“, pero “fisicamente, fui un jugador de alto nivel, en aquel entonces” y “mi carácter competitivo, puso lo que faltaba para poder jugar profesionalmente a esto”.

Y claro que jugó, porque debutó con el primer equipo de Real Canoe en la temporada 1985/86. Después, Caja Ronda, Caja Madrid, tres temporadas en el Real Madrid, Baskonia, Murcia, Andorra y Granada, su último club ACB. De España a Francia, donde jugó en el Cholet y el Olimpique Antibes, en el que cumplió su última temporada, 1999/00.

Petrovic y Fernando Martín

Quique Villalobos ha hablado y mucho sobre Drazen Petrovic y Fernando Martín, con los que compartió vestuario en el Real Madrid.

El primero, “el mejor de todos los tiempos, sin duda“, asegura, y añade que ahora “que todavía estoy en este negocio, no he vuelto a ver un jugador como él“. Según Villalobos, Petrovic “lo tenía todo -físico, carácter competitivo, técnica, tiro, bote, pase…- e instinto de asesino“, y utilizaba “lo que quería“.

Él quería “meterte 50 puntos, siempre; no le importaba que fueras el Huesca o el Barcelona, le daba lo mismo“. Dice no haber visto un jugador igual “y le llegue a conocer bien, porque le defendía todos los días“. Entonces Quique Villalobos era considerado uno de los mejores defensores de la Liga “y con éste -subraya- no podía, era imposible. Hacía lo que le daba la gana“.

Sobre Fernando Martín, dice que fue el primer jugador, el primer deportista, que pasó de las páginas de la prensa deportiva “al papel couche“, y eso “le dio una dimensión que ningún deportista español en aquel entonces, tenía ni tuvo“. No solo era un buen jugador de baloncesto, “sino que la prensa del corazón se intereso por él porque tuvo una relación con Ana (García Obregón) y eso, de alguna forma, traspasó del AS y del Marca, al Hola“.

Eso, “siendo en aquel momento el primer jugador español que va a la NBA, el mejor jugador de la historia o por lo menos, el más reconocido“, afirma Quique, que habla también de algunas características personales de su compañero. Fernando era “un tipo seco y distante, pero esa era una coraza  que se ponía, porque era tan conocido, que no podía ni andar por la calle. Creo que era un tío cariñoso y muy cercano con aquellos que le gustaban, y en la distancia corta, cenando después de un partido, era un tipo muy cariñoso“.

Más que buen jugador, el rasgo fundamental de Fernando era “su carácter competitivo. Él no quería perder contra nadie; peleaba a muerte, no daba nada por perdido”. Técnicamente…  “tenía dos cositas, pero fisicamente, era un animal, pero sobre todo, y lo que consiguió que fuera tan buen jugador, fue ese gen competitivo, difícil de encontrar en este negocio“.

Como anécdota, cuenta que “ese carácter competitivo, cuando los lunes corríamos en la Casa de Campo y hacíamos ´los toboganes´ (un circuito de 8 kilómetros, cuatro de ida y cuatro de vuelta), le llevaba hasta querer ganar a los bases“.

De los jugadores españoles a los que tuvo que defender, dice que Juan Antonio San Epifanío, Epi, era “de los más difíciles“, y de los americanos, el más difícil fue Alphonso Ford, fallecido hace unos años de leucemia. Tras recordar que el Trofeo de Euroliga al máximo anotador, es el Trofeo Ford, explica que jugó en Huesca, y “cuando yo estaba en Andorra, nos jugamos unos playoffs de descenso  y me metió 30 todos los días“.

Para Villalobos, su mejor entrenador ha sido “sin ninguna duda“, George Karl. “Avanzado a su tiempo, con carisma, incomprendido aquí, porque todo lo que trajo fue tan nuevo que la gente se asustó. Pero sin duda alguna, el mejor que yo he tenido en mi carrera deportiva. He tenido otros,  también muy buenos, pero este estaba por encima de todos“.

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El Real Madrid

A la pregunta de si el Real Madrid imprime carácter, dice que “la camiseta no te imprime nada más que un sentimiento de pertenencia a un sitio“, pero cuando llegas a La Casa Blanca “y ves como se comportan los compañeros que llevan años y como reaccionan, vas aprendiendo”, y te das cuenta de que “perder es una ordinariez. No está permitido perder. ¡Cómo vas a perder!“.

Cuenta, por ejemplo, que cuando ibas al Bernabéu a cobrar y coincidía que habías jugado y perdido contra el Barcelona, “la gente no te hablaba… Te miraban… Había un sentimiento de que la derrota no estaba permitida. Y cuando vas conviviendo con eso durante años, lo entiendes. Entiendes que es difícil“.

Mis recuerdos: el mejor y el peor

Su mejor recuerdo, la Medalla de Bronce que “ganamos la Selección española Sub21 -la Selección Promesas, se llamaba- en la Universiada de Zagreb de 1987. Ganamos un Bronce, contra todo pronóstico, en el partido por el tercer y cuarto puesto frente a Cuba, una selección también muy buena, y ganamos, por un punto, con dos tiros libres míos en los últimos segundos del partido”.

El peor -hablando de resultados, claro-, “unos playoffs de descenso cuando jugaba con Andorra. Perdimos contra Huesca, ese Huesca en el que jugaba Ford“. Fue un momento “muy triste, porque yo estaba muy arraigado allí, llevaba tres años y quería quedarme… Después, me quedé un año más”.

Retirada y familia

Un momento “muy duro, muy difícil“, porque “tienes la sensación de que te vas a precipitar al abismo. Un salto al vacío y no sabes lo que va a pasar con tu vida“. “Si has estudiado -agrega-, tienes que reincorporarte al mercado laboral con 35 años, que fue mi caso“, cuando toda la gente “que ha estudiado contigo ya está en puestos de dirección en los medios, y llegas tú, como un becario“.

Si “no has estudiado, más difícil todavía, porque no tienes preparación, y acceder a un puesto de trabajo es aún más complicado“.

También influye el que tengas “un colchón económico, o no lo tengas“. La sensación de Quique Villalobos “no fue de vacío, porque lo tenía, y estaba más o menos tranquilo. Me planteé estar un año sabático, pero a la semana, me subía por las paredes“. Entonces, “me llamo Siro López, entonces Director de Deportes de Telemadrid, y me ofreció trabajar como reportero en el programa de fin de semana, ´En Acción´, que luego presenté. Después, me contrato el Real Madrid… y ahora soy agente. Y todo sin haberlo preparado. He tenido suerte en la vida”.

No recuerda su último partido, porque “yo no era consciente de que iba a ser el último“. Villalobos jugaba entonces en el Olimpique de Antibes (Francia). Fue una liga “que no hicimos muy bien“, pero “no sufrimos para mantenernos, y yo tenía la ambición de volver a jugar un año más“.

Sigue contando que habían solicitado plaza para sus dos hijos -después, tendrían un tercero- en el Liceo Francés de Madrid, “por si no me fichaba equipo alguno. Pero no nos dieron la plaza y decidí que seguiríamos en Francia. Mi agente se movió para conseguir otro contrato. Parece que no hubiera sido difícil, pero entonces, el Liceo nos informa de que hay dos bajas y que aceptan a los niños. Era septiembre, y Lorena, mi mujer, y yo, nos dijimos, ¡se acabó!“.

Fue bastante fácil“, dice Villalobos, y esa fue la circunstancia “que me llevo a retirarme“, porque “lo que sí teníamos claro era que cuando Nico, el mayor, cumpliera 6 años, esa era la fecha límite de mi retirada, para establecernos y tener una vida en un sitio, sin cambios“, por lo que “anticipé un año mi retirada“.

Habla de su familia, y dice que es “fundamental que entienda tu trabajo, en mi caso, un trabajo sin horarios“, explica Quique, quien añade que además, “como trabajo en una empresa americana, muchos días, de madrugada, tengo una conference call con Los Angeles“. Y “mi familia lo entiende. Mi mujer es mi mujer desde hace 25 años, cuando yo ya era jugador de baloncesto y no tenía fines de semana libres“. Y “sigue siendo igual. Lo único que ha cambiado es que estamos en Madrid. Mi familia está habituada a ello, y para los amigos, siempre encuentras tiempo“. Los viajes son constantes, “pero siempre vuelves a casa“. La clave, concluye Quique Villalobos, “tanto cuando era jugador como ahora, es organización. Si eres capaz de organizar tu tiempo, eres capaz de estudiar, jugar, entrenar, disfrutar de la familia, ver amigos… eres capaz de todo“.


Texto: @lopezrosa | Imágenes proporcionadas por Quique Villalobos

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