Revisando en los archivos de la web de la FEB se encuentran artículos interesantes, por ejemplo cuando corría el 2011, antes de la crisis que descalabró todo y del cierre de los ascensos y descensos. Aquella era una época de bonanza en la que se normalizaba hablar de los cuatro millones de euros que eran necesarios para que los ascendidos desde la entonces Adecco Oro lograran jugar en la ACB y en la que hasta el 46% de los jugadores de la ACB y muchos entrenadores tenían pasado en Ligas FEB.
Encontramos en ese archivo un dossier con más de 100 nombres de jugadores, en el que había una parte dedicada a Argentina y, como si un recuerdo se desbloquease, me decidí a ir hacia atrás, para ver aquellos argentinos que fueron importantes en LEB Oro; en sus primeros pasos, la usaron para madurar su juego antes de consolidarse en la ACB o hacer carrera en Oro y hoy repasamos esa lista de argentinos con pasado en Oro hasta ese 2011:
Luis Scola (1 temporada). El nombre por Excelencia, no solo por su trayectoria NBA y ser una institución, sino por aquel impacto en su debut en la LEB Oro en Gijón, siendo un extranjero de 17 años y tildando a Moncho López de loco. Cedido por Baskonia, su dominio fue bestial, como luego se impondría en ACB y en su larga trayectoria en la NBA.
Andrés Nocioni (1 temporada, 36 partidos). Hablar del Chapu son palabras mayores, uno de los máximos exponentes de la generación dorada argentina: NBA, Baskonia, Real Madrid con Euroliga incluida con MVP. Su presencia en Oro fue corta (00/01), el toro llegó a Manresa cedido antes de volver a Baskonia, donde promediaba casi 19 de valoración en poco más de 20 minutos, y antes de dar el salto de vuelta a ACB, definía la Adecco Oro como una competición diferente, donde no está nada encorsetado.
Pablo Prigioni (1 temporada, 39 partidos). Corría septiembre de 2001 cuando el base argentino recalaba en Oro tras jugar dos años en el Fuenla. Julio Lamas apostó por él para el Lucentum: ascenso y trayectoria imparable, siendo leyenda de Baskonia, paso por el Real Madrid, llegada a la NBA y finalmente su trayectoria como entrenador. Una temporada de madurez, de dar ese paso adelante viviendo momentos mágicos.
Javier Tuky Bulfoni (6 temporadas, 236 partidos). Era uno de esos aleros de raza argentina, pegadizos, que siempre estaban en todas, y con muñeca, de esos jugadores que siempre quieres en tu equipo. Lo trajo Inca, destacó en Algeciras, se consagró en León, desde donde saltó a la ACB, donde se mantuvo, hasta que volvió a la Oro con el Obradoiro. Todavía hace poco lo vimos por EBA (Es Castell 20-23).
Paolo Quinteros (3 temporadas, 116 partidos). Killer, dos con tren superior (un físico que hoy sorprendería) y que, cuando se ponía, era imparable y las veías de todos los colores. Debutó en León y pasó cuatro temporadas en Zaragoza, antes de retornar a Regatas durante años.
Fede Kammerichs (1 temporada, 38 partidos). Otro caso similar a los previos, cedido al COB por el Valencia, cuajó una buena campaña, logrando hacerse un sitio en la ACB y una larga trayectoria a nivel internacional como alero alto correoso.
Matías Lescano (6 temporadas, 206 partidos). El bicho era un cuchillo para las defensas rivales. Promesa en Argentina, llegó a Zaragoza donde se consagró ya en su primera campaña como MVP de la Copa. No se paró ahí, su corazón ganó a los maños, permaneció fiel, logró el ascenso a la ACB y volver de nuevo tras caer; ahora es guardián de la cantera.
Nico Gianella (2 temporadas, 45 partidos). Un base que llegó sin mucho ruido, de esos capaces de leer todo y que, tras debutar en León y estar entre Italia y España, destacó en Plasencia, desde donde ya saltó a la ACB siendo una institución en Granada.
Diego Ciorciari (8 temporadas, 241 partidos). Historia viva sin duda, con multitud de equipos en su trayectoria, un base eléctrico, con enorme visión de juego con paso por Zaragoza, Calpe, Breogán, Menorca y Melilla; se fue siendo el máximo asistente histórico de la LEB.
Fede Van Lacke (5 temporadas, 199 partidos). Otro clásico, garra y anotación en el perímetro, debutó muy joven en los Lobos de Cantabria, saltó a ACB, para luego pasar por Los Barrios, Huelva y Valladolid, donde logra el ascenso, y pone rumbo a equipos de solera como Penya y Estudiantes, acabando en territorio vasco, donde se ha dedicado al desarrollo de jugadores hasta que ha aceptado la oferta para ser entrenador asistente del Unicaja esta campaña.
Diego Guaita (4 temporadas, 97 partidos). Otro del club de interiores argentinos, correosos, duros atrás, efectivos en ataque y siempre al rebote. Debut esporádico con Fuenla, sumó partidos con Tenerife y Cáceres. Lo mejor es que sigue dando guerra por Tercera FEB en los últimos años con Marbella y Salliver.
Leo Gutierrez (1 temporada, 34 partidos). Un campeón olímpico, un 4 de esos duros que abría el poste con la muñeca. Solo estuvo una temporada 02-03, con Inca, porque prefirió otras vías y ser una institución en su país.
Lucas Victoriano (2 temporadas, 75 partidos). Joven apuesta del Real Madrid, tuvo su presencia en Oro siendo el base titular del Zaragoza dos cursos tras varios años en ACB. Luego ha desarrollado carrera como entrenador volviendo a esta categoría de forma breve en Palmer.
Diego García (2 temporadas, 70 partidos). Llegó a Burgos con fama de anotador y lo demostró, logrando el dar salto a la ACB con Valladolid. Luego, vuelta a Argentina, con una longeva carrera porque los anotadores nunca olvidan sus recursos de anotación.
Juan Alberto Espil (2 temporadas, 63 partidos). De los primeros que llegó en la era Bosman, Baskonia no dudó en apostar por este triplista, luego fue consumiendo pasos en su carrera entre Italia y ACB, hasta que hacia el final Tenerife y Manresa disfrutaron de este francotirador en las pistas de Oro.
Víctor Baldo (3 temporadas, 95 partidos). Un guerrero de la zona al que Julio Lamas trajo para Alicante. Desde ahí se hizo un hueco en la ACB, aunque años después volvió como apuesta importante en proyectos como Valladolid o Tizona,
Diego Logrippo (6 temporadas, 203 partidos). Cuatro móvil con un perfil más de baloncesto moderno que de entonces, de características anotadoras que hacia las delicias de Torrelavega y en Burgos, no bajó nunca de los 12 puntos de promedio.
Adrián Boccia (8 temporadas, 266 partidos). Llegó a España muy joven, de la mano del Valencia, y pasó por muchos equipos con diferentes perfiles, desde alero anotador a base distribuidor, con un buen cambio de ritmo. Los Barrios, Rosalía, Huelva, L’Hospitalet, Tizona, Cantabria y Tenerife fueron sus equipos en Oro, antes de volver a Argentina, donde ha estado años jugando al máximo nivel, y desde hace algunos en divisiones menores a pesar de su edad. Sportiva América es quien lo disfruta actualmente.
Matías Ibarra (7 temporadas, 209 partidos). Comparto edad con él y recuerdo nítidamente su crecimiento, como ese base argentino, de buena planta y buen pasador. Siempre en proyectos modestos como Inca, Algeciras, Huelva, Tizona, Palma o Gandía, pero con un hueco en las plantillas.
No son los únicos, nombres como Weigand, Rocchia, Ginobili, Sartorelli, Leiva o Mainoldi, también contribuyen a disfrutar del aroma de aquellos viejos tiempos.