La lectura es algo que siempre hay que hacer dentro del ritmo trepidante que nos engloba, ya sea en e-book o el tradicional. Nos permite concentrarnos, abstraernos de nuestros problemas, realizar ensoñaciones y tiene otros muchos beneficios demostrados. Desde biografías, clásicos, thrillers, a libros de moda, y a veces aparecen pequeñas joyas como el libro del que venimos a hablar “La nueva arquitectura del Baloncesto” por Óscar Garrido. No por su impacto mediático, sino por el flujo de ideas que genera en la mente de uno como lector.
Tal vez el autor no sea muy conocido, y por eso no sea tan llamativo, porque al final en nuestro baloncesto hay un perfil de trabajadores silenciosos que se muestran muy activos. En mi caso, que por ampliar conocimientos he cursado diferentes cursos sobre la estadística en el baloncesto en diferentes plataformas por simple hobby, me gusta ver como ha ido creciendo la importancia de la estadística avanzada, ya no en los equipos donde tiene importancia y peso, sino en el día a día de aficionados, influencers, comentaristas, gente que quiere asomar la cabeza, vemos que cada día es algo que se ve con más frecuencia.
El libro, lejos de ser un tratado autoritario, se orienta hacia todo lo contrario, a construir, a cómo usar los datos en la vida real, a los problemas reales, los miedos que hay a atreverse a afrontar y cómo los datos pueden ayudar a la mejora de los equipos, pero también de los jugadores.
Ahora os voy a dejar, con el permiso del autor, alguna frase o historias que me han gustado, pero la verdad es que es un libro para leer despacio, ir subrayando ideas, e ir disfrutando un poquito cada día:
Ya en el prólogo aparece una idea que estará presente en todo el texto: “Todo cambió cuando descubrí que los datos podían contar historias que antes no veíamos”. El ejemplo de Mads Bonde y su tiro… aprender a mirar el baloncesto visible junto al invisible, es entender que el rendimiento se debería medir por el valor generado cada vez que el juego pasa por el jugador.
La “Diamantidis”.
La desigualdad de presupuestos, y como los Data Analytics puede ser una herramienta para recortar distancias entre proyectos gigantes y proyectos humildes…
Los datos no te regalan victorias, pero te ayudan a invertir mejor cada euro.
El problema de Monty Hall.
Aspirar con los datos a una fórmula perfecta es un espejismo porque se debe recordar que la imperfección es una ley universal.
El problema radica que en el baloncesto no es un deporte de patrones definidos ni de respuestas únicas.
De los datos a las narrativas… los datos solo son cifras, patrones que carecen de significado sin el contexto adecuado… el verdadero impacto está en su capacidad para transformarse en narrativas poderosas.
Los datos están. El reto es saber qué hacer con ellos.
La clave para adaptarse no está en lo que sabes, sino en tu capacidad para soltar lo que crees saber.
Como señaló Darryl Morey solo alrededor del 20% de la información contenida en un box score resulta verdaderamente útil.
Datos como puente, no como dogma.
Otra perspectiva del juego: la del mercado. No la del desarrollo y la formación del jugador sino de la proyección, el posicionamiento y la toma de decisiones estratégicas.
Enfrentarse a la verdad incómoda. El baloncesto está lleno de capas de información que moldean nuestra percepción.
Los datos no necesitan solo técnicos ni expertos en estadísticas. Necesitan gente capaz de pensar distinto, de mirar lo que otros no miran.
Una brújula, no un mapa: el ejemplo del café (“buenísimo”).
Las barreras culturales como el mayor obstáculo para adoptar una cultura de datos.
La frase de Luis Scola.
Los datos han redefinido la manera que los DIDEs, GM, entrenadores y staff trabajan en el baloncesto profesional.
El análisis profundo revela que un jugador puede tener impacto decisivo en dinámica colectiva, incluso si sus estadísticas individuales son menos llamativas.
El camino del rayo (un buen capítulo con un símil muy acertado para explicar el cambio de liga).
Cuando los datos hablan… «este es el verdadero poder de los datos: no sustituir a la intuición sino acompañarla”.
Brad Stevens, Erik Spoelstra, Harden, Jokic.
Los jugadores no son máquinas ni medicamentos con un manual de instrucciones.
El factor suerte.
Ganar en la liga no consiste en acumular talento bruto, sino en crear sistemas sostenibles con cada decisión.
Los datos son una invitación a atreverse.
A veces estas narrativas se convierten en un muro: siempre he confiado en mi intuición ¿por qué cambiar ahora? Porque el cambio es la única constante, incluso en un juego que creemos conocer con los ojos cerrados.
Harald Frey, Xavier Johnson.
Los equipos que construyen un éxito sostenible no evalúan sus decisiones únicamente por los resultados, sino por la calidad del proceso que los llevó hasta ahí.
La cultura del baloncesto.
Los datos como observadores y motores de transformación.
Antonio Herrera y Kapfenberg.
Aquí no sobra nadie.
Copiar tendencias sin evaluar los contextos solo lleva a una falsa modernidad.
El juego dentro del juego: datos, emociones y decisiones.
La complejidad silenciada.
Se ficha al jugador equivocado porque ya lo conocemos, porque nos hizo daño, porque con nosotros puede explotar. El mismo ciclo de frustración y replanteamiento.
Medir y analizar no son lo mismo. Medir es contar. Analizar es entender. Esa diferencia, sutil en apariencia, lo cambia todo.
Hay agencias que multiplican por tres – o más – las probabilidades de que sus jugadores acaben en ciertas ligas.
Coruña y Lleida.
Construir un avión en pleno vuelo.
Desarrollar el staff como se desarrolla a los jugadores no es una estrategia: es una convicción.
Lo dijo Napoleón: el liderazgo se sostiene sobre dos pilares, saber de técnica y saber de personas.
El oficio invisible.
¿Por qué los datos incomodan tanto? Porque no solo revelan lo que no funciona, sino también lo que nunca debió ser.
Los datos siguen siendo vistos con recelo…
Es verdad que los datos no son infalibles, pero bien utilizados, nos obligan a pensar mejor, a planificar mejor, a abandonar la idea de que todo se resuelve con presupuesto o que el futuro puede improvisarse.
En muchos equipos los datos no tienen aún cabida en la toma decisiones. Se consultan tarde, se ponen a prueba y se ignoran si no confirman lo esperado.
Un cambio de perspectiva necesario.
Un patrón es una repetición de eventos bajo ciertas condiciones específicas, mientras que una tendencia es la evolución de un comportamiento a lo largo de tiempo.
Para saber si un jugador va a rendir en otra liga, no basta con mirar lo que ha hecho hasta ahora. Hay que poner en contexto su rendimiento.
El entrenador del futuro no será solo un estratega táctico, sino un gestor de ecosistemas.
El juego está evolucionando hacia tres grandes roles: manejadores, exteriores y hombres altos.
Las emociones distorsionan la percepción de la realidad.
No basta con formar bien, el futuro también se juega fuera de la cancha.
Lo que el NIL se lleva…y lo que deja.
Europa por ahora no ha sabido ni adaptarse ni innovar, ha asumido el rol de víctima de una globalización que ayudó a construir.
Historia del vuelo de Helsinki-Toronto.
El baloncesto del futuro no será solo más rápido o más eficiente. Será más consciente.

Conclusiones… Este libro busca construir conocimiento, y sin embargo, no es una colección de verdades absolutas ni una guía definitiva, porque el conocimiento no es la acumulación de certezas, sino el descubrimiento continuo de un territorio que cambia mientras lo exploramos.
Tal vez me he alargado, pero he intentado destripar lo menos posible. Me he quedado con títulos del texto, anécdotas interesantes, ejemplos para adquirir más conocimientos, y frases que me han gustado pero que no debéis sacar contexto, sino introduciros en él a través de la lectura del libro, el cual os recomiendo leer, y esa es la razón para este texto.
Si os interesa e libro, ir a vuestra librería que tenga sección deportiva o podéis buscar en su editorial Almuzara dentro de su sección Libros de Ruta:
https://almuzaralibros.com/fichalibro.php?libro=12851&edi=22
Para terminar, siempre que suelo leer un libro, me gusta quedarme con frases, y en esta ocasión no iba a ser menos y busqué una más allá del baloncesto:
“La vida se parece más al póquer que al ajedrez”